Capítulo 1 de 1

Migajas de amor

Aurora se encontraba recostada en su cama del cuarto de servicio, cuando de pronto entró Sofía a esa habitación muy alegre y estruendosa como ella siempre acostumbraba andar, llena de frescura y entusiasmo. 

—¿Qué haces aquí, Aurora? Hoy es tu día de descanso. ¿No vas a salir a pasear a ningún lado? —preguntó Sofía intrigada.

—No, hoy no —respondió Aurora un poco melancólica. 

—Y, eso, ¿por qué?

—No tengo nada que hacer, además estoy muy cansada. Me quedaré aquí a dormir todo el día.

—Pero, ¿no vas a aprovechar este día para verte con ese chico que andas saliendo. 

—No, no he sabido nada de él. Hace semanas que ya no me escribe. 

—Y, ¿por qué no le escribes tú?

—Ya lo hice, pero me dejó en visto.

—Entonces márcale. 

—Tampoco me responde las llamadas, desconecta su línea o me bloquea. 

—Ay, amiga, date cuenta, ¡estás viendo y no ves! Todos esos son focos rojos, de seguro anda con otra. ¡Allí no es!

—No, él sí me quiere. Es solo que pasa muy ocupado con la escuela y por eso no tiene tiempo de verme ni de responder mis llamadas ni mis mensajes.

—O sea que ese es su pretexto para solo andar contigo de quedante-

—Él me quiere, yo lo sé, lo siento en mi corazón. Es solo que como él dice, ahorita está muy ocupado con sus estudios por eso no puede distraerse con noviazgos formales.

—Solo supones que te quiere, o ¿él te lo ha dicho así directamente: Aurora de te quiero, te amor. Eres el amor de mi vida?

—Pues así como directamente, directamente te quiero, pues no precisamente. Pero sí una vez me dijo que él y yo éramos el uno para el otro, que yo era la mujer perfecta para él, hasta lloró. No sé por qué, pero lloró, yo vi como se le brotaban las lágrimas. Doy por hecho que eso significa que sí me quiere, que sí me ama.

—Lágrimas de cocodrilo, así son los hombres hipócritas, amiguita. Pero, pues, como tú digas. Bien dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Y a todo esto, ¿cómo dices que se llama?

—¿Quién?

—Pues tu amorcito, hazte la tonta, ja, ja. ¿Quién más? ¿De quién estamos hablando?

—Franciso Javier.

—Francisco Javier, ¿qué?

—¿Qué de qué o qué?

—Sus apellidos o sea pues.

—No lo sé, nunca me los ha dicho, ¿por qué?

—Pues para stalkearlo en “Insta” y conocer cómo es físicamente, porque yo no lo conozco. Tú según dices que es guapísimo, pero la verdad es que yo no creo nada. De seguro ha se ser un cucaracho y tú lo como lo estás viendo con ojos de borrego a medio morir, por eso ni lo ves como realmente es. 

 —Claro que Javier está guapo, es el hombre más guapo, apuesto y varonil que jamás se haya visto sobre el universo.

—Ja, ja, ja, ahora sí te pasaste, Aurora, ja, ja, ja. Eres un caso perdido. Bueno, ahora sí te dejo porque yo sí trabajo hoy y si la ama de llaves no me ve allá afuera haciendo mis quehaceres me va a regañar, bye —dijo Sofía y acto seguido salió del cuarto de servicio dejando a Aurora hundida en sus pensamientos y con la curiosidad clavada en su alma. 

«Y ¿si lo busco en Insta? Tal vez allí pueda saber más de él, quizás allí tenga fotos con su exnovia. Y, ¿si sigue con ella y solo me está mintiendo como dice Sofía? Pero no me sé sus apellidos, ¿cómo lo busco en Insta?» 

Pensaba Aurora indecisa mientras continuaba recostada sobre su cama con la mirada perdida en el techo del cuarto de servicio donde dormía en aquella casa. Por un instante quiso olvidar esa idea y concentrarse en otra cosa, se movía de un lado para el otro en la cama sin poder tranquilizarse. 

Hasta que de pronto ya no pudo más y se levantó de golpe de la cama y tomó su celular decidida a emprender la odisea maratónica de intentar encontrar a su amado en esa red social, con tan solo sus dos nombres y algunos otros datos vagos que tenía sobre su identidad. 

Mientras buscaba ansiosa pensaba distintas maneras de conseguir su objetivo: «Lo filtraré por donde vive, su escuela, sus amigos, su número de celular, su correo electrónico. Si la aguja está en el pajar, la voy a encontrar, aunque tenga que remover toda la paja».

Después de tantos intentos infructuosos, por fin apareció allí la foto con el nombre de Francisco Javier. El corazón de Aurora comenzó a latir aceleradamente de emoción, estaba tan feliz. Pero justo antes de que diera clic en seguirlo, vio una foto de él que le heló la piel y le desgarró el corazón, partiendo su alma en mil pedazos.

Era  su amado abrazado de otra chica y anunciando su boda en la iglesia, que se celebraba justo ese mismo día a las 12 del medio día. Inmediatamente Aurora volteó a mirar la hora en el apartado de la esquina superior izquierda de su celular, eran exactamente las 10:00 a.m. 

Justo en ese mismo instante un relámpago se coló por la ventana que se encontraba entreabierta, alumbrando dramáticamente el celular de la joven. Después se dejó escuchar un estruendoso trueno que parecía hacer crujir el cielo, que de pronto comenzó a saturarse de corrientes de vientos violentas que traían consigo nubarrones negros anunciando una fuerte tormenta. 

«¡Dos horas, estoy a solo dos horas de perder al amor de mi vida!», pensó Aurora completamente fuera de sí. La locura y la insensatez se apoderaron de ella. 

Tomó su chaqueta decidida a salir corriendo a la iglesia e impedir esa boda. Estaba convencida de que era ella a quien Javier amaba y que solo necesitaba verla allí en la iglesia para recapacitar y no casarse con otra.

«Estoy a tiempo, puedo llegar a esa iglesia antes de las 12:00. Tomaré un taxi, no queda muy lejos de aquí. Javier me ama, yo soy el amor de su vida. Cuando me vea en la iglesia lo comprenderá y no se casará con ella. Ella jamás podrá amarlo como yo lo amo», se decía a sí misma plenamente convencida mientras salía corriendo por la puerta de servicio de aquella casa en donde trabajaba como empleada doméstica .

Una vez en la calle, miraba ansiosa de un lado a otro tratando de encontrar un taxi. Al mismo tiempo que aprovechaba para avanzar desesperada con rumbo a la iglesia, donde estaba a punto de casarse el supuesto amor de su vida. 

El cielo seguía atiborrado de estruendosos rayos y tenebrosos relámpagos. Aunque apenas eran las 10:00 de la mañana, el cielo estaba invadido por cerrados nubarrones completamente negros que impedían ver el menor rastro de luz de sol en el cielo. El espectáculo del ambiente se asemejaba al de un epicentro de eclipse solar, totalmente en neblina.

Aurora se sentía completamente frustrada de no encontrar ningún taxi disponible, por lo que ya no solo se limitó a caminar apresuradamente rumbo a su destino, sino que comenzó a correr y cruzar las calles desorientada y ansiosa. Por lo que algunos conductores estuvieron a punto de atropellarla, pero alcanzaron a frenar a tiempo. Indignados y molestos le sonaban el claxon y la insultaban por insensata.

Pero Aurora no los escuchaba, estaba absorta en sus delirios de ir al encuentro de su príncipe azul.

Y rompió en llanto el cielo, al mismo tiempo que Aurora comenzó a derramar lágrimas desconsoladamente. Las gotas de lluvia se confundieron con sus lágrimas que brotaban de cada espacio de su ser.

Parecía como si su alma fuera una montaña colmada de tierra arenosa sin árboles ni piedras que la sostuvieran, por lo que la torrencial agua de la lluvia la estaba desgajando y derrumbando en mil pedazos. 

¿Podrá Aurora llegar a tiempo e impedir esa boda?

Pero si Francisco Javier no la ama realmente, ¿de qué servirá que ella llegue a tiempo antes de que él dé el sí definitivo frente al altar?

¿Qué hará Javier y su futura esposa cuando vean a Aurora en la iglesia migajeando amor?

Esta historia continuará…