Capítulo 1 de 1
Pablo entrará al programa Blindsight de Elon Musk para recuperar la vista
Marianela era una jovencita de 15 años muy poco agraciada, dientes chuecos, frente muy amplia, cabello escaso y quebradizo, cutis lleno de granitos y espinillas, cuerpo escuálido y sin nada de curvas femeninas (ni caderas, ni cintura, ni pompas, ni busto, ni piernas) como estaba muy de moda en la actualidad. Era simplemente una chica ordinaria en el siglo XXI, en los inicios de la Inteligencia Artificial y la popularidad de la red social de Instagram entre los jóvenes de su edad.
Pero sí gozaba de profunda sensibilidad y una timidez intensa. Nadie de su salón de clases en la prepa le hablaba, no tenía amigos. Pero esa mañana algo cambiaría para siempre su destino, la llegada de un chico de nuevo ingreso abría un nuevo horizonte para ella.
—Jóvenes, les presento a Pablo, él será su nuevo compañero de clases —dijo la psicopedagoga de la preparatoria a los alumnos del salón de Marianela—. Por favor, sean amables con él, no puede ver y necesitará que ustedes lo orienten y le muestren todos los espacios de esta escuela para que pueda desplazarse libremente.
—Hola —saludó Pablo a sus nuevos compañeros con una amable sonrisa y sus lentes oscuros.
—Hola, Pablo, bienvenido —respondieron todos con cortesía.
Pero apenas salió del salón de clases la psicopedagoga, todos los alumnos volvieron a lo suyo ignorando por completo a Pablo. Marianela fue la única que se tomó la molestia de ir junto a él y tomarlo de la mano para amablemente llevarlo a sentarse en un mesabanco. Ella era dulce y tierna, pero fea.
—Hola, Pablo, ven conmigo. Te llevaré a que te sientes en un lugar que está desocupado.
—Hola, gracias. ¿Tú cómo te llamas?
—Me llamo Marianela.
—Tienes una voz muy linda, Marianela.
—Gracias, Pablo —dijo Marianela un poco sonrojada.
—¿Quieres ser mi amiga, Marianela?
—¿Tu amiga —respondió la jovencita sorprendida, nadie jamás le había pedido ser su amiga, mucho menos un jovencito del sexo opuesto.
—Sí, mi amiga, no conozco a nadie en esta escuela y quiero tener amigos. A menos que tú no quieras ser mi amiga porque soy ciego.
—No, claro que no es eso. Es solo que…
—¿Te avergüenza que te vean con un ciego como yo, Marianela?
—Claro que no. Yo no discrimino a las personas por su condición física.
—Entonces, no se diga más, ya somos amigos.
—De acuerdo, amigos —dijo Marianela profundamente emocionada de saber que por primera vez en la vida tenía un amigo.
En la hora del receso Marianela siguió las indicaciones de la psicopedagoga y llevó a su nuevo amigo a recorrer toda la escuela, que contaba con un terreno de más de cuatro hectáreas, lleno de árboles frondosos y un manantial de agua clara y cristalina. Era un paisaje hermoso y lleno de naturaleza.
—Siento un aire fresco entrando en mis pulmones y escucho una bonita melodía que se repite incesantemente —decía Pablo emocionado.
—Es el trinar de los pájaros, justo de un par de gorriones rojos.
—¿Qué son los pájaros? ¿Qué es un gorrión? ¿Cómo es el color rojo?
—¿Eres ciego de nacimiento?
—Sí, jamás he visto las cosas del mundo.
—Lo lamento tanto Pablo. En el mundo hay muchas cosas bellas, que con solo verlas uno siente tan bonito.
—¿Qué es la belleza, Marianela?
—No sabría cómo explicarlo. Es una cualidad de las cosas que te hace querer verlas una y otra vez, si estás triste te alegras con solo verlas. Te dan tanta felicidad y bienestar que te vuelves adicto a ellas. Es como si volaras como lo hacen las aves.
—¿Qué es volar?
—Volar es desprenderse del suelo y flotar en el espacio, sentir como ese aire fresco que ahora llena tus pulmones sacude cada poro de tu piel. Quedar suspendido en medio del cielo y la tierra…
En eso el timbre que anunciaba el término del receso interrumpió a Marianela.
—¿Qué es ese ruido? —preguntó Pablo asustado.
—Es el timbre que nos avisa que ya terminó la hora del receso y que debemos regresar a clases. Ven, vamos al salón.
—No quiero ir a clases, no me gusta la escuela. Me gusta más estar aquí contigo, tienes una voz muy linda y dices cosas muy bonitas. Sígueme contando cómo es el mundo, cómo son las cosas.
—Pero eso está mal, no podemos saltarnos la clase. ¿Por qué no te gusta la escuela?
—Los maestros me aburren, no entiendo casi nada de lo que dicen. Dicen palabras de cosas que se deben ver y yo no logro entenderlas.
—Si tienes alguna duda sobre algo, yo me puedo sentar junto a ti y explicarte lo que no entiendas. A mí sí me gusta mucho la escuela, pero entiendo que no ver debe ser complicado para comprender algunos conceptos. Pero no tengas miedo, yo te ayudaré.
—¿Harías eso por mí?
—Claro, para eso están los amigos.
—Gracias, Marianela, eres muy linda.
Así fue como Marianela y Pablo se volvieron inseparables, ella se volvió su Lazarillo y él le agradeció el favor con una amistad sincera, llena de mucho cariño, ternura y admiración. Hasta que llegó el verano y tuvieron que despedirse para irse de vacaciones.
—¡Marianela, Marianela! —saludó Pablo emocionado a la jovencita.
—¿Qué sucede, Pablo? ¿Por qué estás tan feliz?
—En estas vacaciones me iré con mis papás a Estados Unidos, mi padre consiguió que me admitieran en el proyecto de Blindsight de la empresa Neuralink de Elon Musk.
—No entiendo, ¿qué es eso?
—Blindsight es un programa experimental que busca conectar una cámara externa de manera inalámbrica con un implante en la corteza visual del cerebro, para que una persona ciega como yo pueda ver.
—¿Te vas a curar? ¿Vas a poder ver? —dijo Marianela preocupada y con profunda tristeza.
—Sí, tengo fe en que sí funcionará y podré ver por fin el mundo y todas esas cosas de las que tú me hablas —dijo Pablo lleno de alegría y entusiasmo.
Pero Marianela no respondió nada, en su rostro se dibujó un semblante de profunda desesperanza.
—¿Qué sucede, Marianela? ¿Por qué no dices nada? ¿No te alegra saber que por fin podré ver?
—No lo sé, ¿qué tan seguro es ese experimento?
—Todavía nada es seguro, pero debemos tener fe en la ciencia y en la tecnología.
—Tengo miedo.
—¿Miedo de qué?
—Miedo de que una vez que recuperes la vista ya no quieras ser mi amigo.
—Pero ¿por qué haría algo así tan tonto?
—No lo sé.
—Yo siempre seré tu amigo, Marianela, siempre. Y ahora que pueda ver, podré sentir todas esas cosas que tú me contabas que se sentían cuando veías las cosas bellas. Ese placer espiritual sin fin.
—¿Y si descubres que tal vez hay cosas que no son tan bellas como tú creías? y, ¿si te decepcionas?
—Tal vez, Marianela, tal vez haya ríos no tan bellos como el sonido del fluir de sus aguas, gorriones no tan lindos como su trinar. Pero de algo si estoy completamente seguro, tu rostro es hermoso como la melodía de tus palabras y la belleza de tu alma. Tal vez el mundo entero no sea lo que espero, pero tú sí eres la encarnación angelical de la belleza. Lo sé, me lo dice mi corazón, de eso no tengo ninguna duda, esa es mi mayor certeza: tu belleza sublime y perfecta.
Marianela comenzó a llorar desconsoladamente al escuchar las palabras de Pablo y luego, sin decir ninguna sola palabra, echó a correr lejos de allí avergonzada y arrepentida de no haberle dicho la verdad a Pablo sobre su apariencia física. El joven quedó desconcertado sin entender qué estaba ocurriendo.
—¿Marienela? ¿Marianela, sigues aquí? —llamó desconcertado a la joven, pero ella ya estaba muy lejos, no lo escuchó.
Esta historia continuará...