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Poema feminista para declamar: Las muertas

Por Flor Elena

Publicado el 27 de julio de 2026
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Poema

Pastaban las vacas serenas

el pasto ennegrecido del invierno.

Los cerros devoraban el caluroso sol

del atardecer de marzo.

Rayos sangrientos parecían apuñalar el cielo.



Ninguna gallina remontaba un árbol,

caldo con mole ayer ocho de marzo,

unas mujeres celebraron algo;

les regalaron flores, vestidos, zapatos

y un arcoíris para cubrir su rostro.



De pronto, una estampida de viejas enloquecidas

interrumpieron con pisadas apresuradas

la suculenta merienda de las vacas.



Venían tapadas hasta el cuello y el cabello con harapos negros,

que habían remendado con hilos de gusanos,

porque las espinas de pinzanes los desgarraron.

Parecía que huían del caldero del infierno.

Pero la violenta caricia del viento las atormentaba

y cubrían con más angustia su rostro y su cuello.



Una caverna oscura bajo un cerro las recibía con recelo,

Parecía que tenían cita para armar una jauría.

Los murciélagos aleteaban espantados

y salieron despavoridos de aquel oscuro y húmedo recinto.



Interrumpió el silencio una niña:



—Mami, ¿para qué vinimos aquí?

—A ponernos de acuerdo para

luchar por la igualdad entre hombres y mujeres

y combatir el machismo.



—Entonces, ¿ya no sentiré más dolor en mis partes íntimas?

y podré hablar con las personas sobre la noche en que tu marido

¿Entró a mi cuarto a lastimarme?

Preguntó la pequeña con un frágil hilo de voz melancólica.



—No, hija, eso no, porque el mundo va a señalarte,

sólo vamos a luchar por la igualdad.

Esos trapitos sucios de tu padrastro los lavamos en casa,

nadie tiene por qué enterarse de que ya no eres señorita,

sino entonces nunca podrás casarte.



—Mami, ¿era necesario que tú te casaras con ese hombre?

—Sí, porque si no, no hubiéramos podido salir adelante,

la vida es muy cara y yo sola no puedo mantenerte.

—Y, ¿por qué no fuiste mejor “mamá luchona”?

—Porque ellas parecen prostitutas

que solo andan pa´rriba y pa´bajo

dándose arrumacos con cuanto hombre les dé pa´ sus chicles.



Y cuando tenemos sexo casadas ya no nos ven como prostitutas.

—Es buena vida trabajar haciendo aseo sin sueldo

y soportando insultos y violaciones

de un hombre que te somete,

¿Al mismo tiempo que trabajas fuera para traer dinero a la casa?

—Es bien visto, hija, por ahora así funciona la sociedad.

Ya después poco a poco los cambios se irán dando.



—Así es, niña, tu mamá tiene razón.

Ya deja de interrumpirnos,

estas son pláticas de adultos—, refunfuñó otra mujer ahí presente.

—Entonces, ¿por qué mi padrastro me acarició como mujer? —Preguntó la niña

con amargura e indignación.

—Cállate ya, escuincla—, dijo la madre molesta,

—y cierra las patas que se te ven los calzones.



—Mujeres— alzó otra la voz

— vinimos hasta aquí

para luchar por nuestros derechos,

ya es hora de abatir las vejaciones

que cometen los hombres en nuestra contra.

Los estereotipos de género femenino y masculino

son solo artimañas que inventó la sociedad

para hacernos creer que somos débiles y serviciales.



Pero somos fuertes, muy fuertes,

somos capaces de ser amas de casa,

esposas, madres, profesionistas y demás.



Debemos empoderarnos,

ganar lo mismo que los hombres.

Y no más muertas,

ni una más.



Nos queremos vivas,

Nos queremos libres, nos queremos fuertes.

—Sí, sí, sí— Se oyó el grito efusivo de la multitud al unísono.



—Ya vamos muy aventajadas,

tenemos la mitad de representatividad en el senado y diputaciones.



—Sí, sí, sí, ¡Vamos muy bien!

Ya estamos empoderadas.

— ¿Qué nos falta? —preguntó una.

—Que no nos maten— respondió otra.

—Sí, que no nos maten, que no nos violen ni nos piropeen.



Sí, sigamos luchando—gritaban las mujeres

en un estado psicótico de hipomanía,

amontonadas entre los huizaches

y el polvo árido y seco de la tierra caliente.

—Ni una más.

—Vivas nos queremos.



—¡Basta!

Ya basta de machismo y autoengaño.

Es una injusticia la carga de quehaceres,

el esclavo trabaja sólo a cambio de pan y agua,

nosotras casi nos vamos emparejando.



Las mujeres mismas nos denigramos

al ascender en el trabajo por ofrecer placeres conyugales.

¿De qué sirven tantos puestos en el senado?

¿Si las leyes continúan estando en nuestra contra?

No se persigue de oficio cuando no hay manutención de un padre,

para pedir pensión tienes que pagar un licenciado.

No tienes pa' alimentarlos,

cuantimás pa´ andar denunciando mediante pago.



.

¿Qué es esa expresión despectiva de “mamá luchona”?

¡Falacia!, “ad hominem”.

No es lógico desacreditar a la mujer

cuando lo que se debe juzgar es la necesidad de hambre

de inocentes criaturas abandonadas

y hombres cobardes e irresponsables.



La libertad sexual de todos es incuestionable,

no por ser mujer tengo que avergonzarme.

La violencia doméstica no se persigue de oficio,

pero callamos por falta de autoestima o culpabilidad,

por miedo,

para mantener la unión familiar.



Y si los denunciamos,

cuando los sueltan más fuertes vienen a golpearnos.

No es objetivo buscar igualdad,

sí hay una ventaja biológica de ellos sobre nosotras

porque pueden someternos violentamente mediante su fuerza física.



Pero la cultura y la educación tienen que concientizarnos.

El poder del hombre sobre la naturaleza no es solo para ir al espacio

ni para subyugar al vulnerable,

debe ser para liberarnos y hacernos más humanos.



No podemos hablar de igualdad.

el término preciso es equidad:

“Todos con los mismos derechos y libertades

a pesar de nuestras desigualdades orgánicas”.



¡Basta!

Ya basta de machismo y autoengaño,

ya estamos muertas

ayer nos asesinaron,

estamos siendo carcomidas por los gusanos.



¡Basta!

Ya basta de machismo y autoengaño,

porque más que mujer soy un ser humano

y nadie tiene derecho a denigrarme ni a asesinarme.



Por eso hoy, yo, en este preciso instante,

si no existe la reencarnación, yo la decreto y reencarno,

y obliga a los hombres

y me obligo a mí misma

a respetarme.