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Reseña del libro de cuentos El llano en llamas de Juan Rulfo

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Flor Elena

Biografía del autor


Juan Rulfo fue un escritor, guionista y fotógrafo mexicano considerado uno de los escritores latinoamericanos más importante del siglo XX, fue originario de la comunidad rural de Apulco, Jalisco. Lo cual influyó notablemente en su estilo literario de corte rural y de crítica social. Nació en mayo de 1917 y murió en enero de 1986 por lo que también sus obras reflejaban la realidad del periodo posterior a la Revolución Mexicana y cómo afectó sobre todo a los pobladores de las comunidades rurales. Esta época de violencia lo dejó huérfano de padre a los seis años y después huérfano de madre a los 10 años. Por lo que toda esa soledad y desesperanza se ve reflejada en una de sus obras maestras, el libro de cuentos “El llano en llamas”.


Resumen o sinopsis


El libro de cuentos “El llano en llamas” contiene 17 cuentos: Macario, Nos han dado la tierra, La Cuesta de las Comadres, Es que somos muy pobres, El hombre, En la madrugada, Talpa, El Llano en llamas, ¡Diles que no me maten!, Luvina, La noche que lo dejaron solo, Paso del Norte, Acuérdate, No oyes ladrar los perros, Anacleto Morones, El día del derrumbe, La herencia de Matilde Arcángel. 


Los principales temas que aborda Juan Rulfo en estos cuentos son:


La miseria y el abandono:


Juan Rulfo denuncia en sus cuentos como el Estado se olvidó de los campesinos, de las promesas de regresarles sus tierras. Pero solo se burlaban de ellos con campañas proselitistas dándoles tierras infértiles y secas en su cuento “Nos han dado la tierra”.


Eran pobres porque les habían robado sus tierras, pero a su vez, Juan Rulfo también criticaba a aquellos que se escudan en la pobreza para justificar su falta de ambición por buscar una mejor vida con mayor dignidad. Tal como sucede en el título de su cuento “Es que somos muy pobres”


La violencia y la muerte:


Que se daban muy frecuentemente en la ejecuciones, asesinatos y venganzas familiares de la época el lo representó en sus personajes, pero su narrativa es tan profunda que es como si te estuviera llenando de las emociones que están sintiendo ellos. Es un maestro en el arte de generar la empatía más sensible en tu corazón. 


Puedes sentir la angustia del personaje cuando suplica y ruega en el cuento ¡Diles que no me maten!. Es como si Rulfo te permitiera experimentar las vidas y sensaciones de todos sus personajes, te conviertes en parte de sus almas y sientes su dolor y te llenas de toda esa desesperanza y pesadumbre que ellos viven. 


Pero no en un sentido negativo, sino todo lo contrario, a medida que puedes experimentar esas vidas como si tú mismo las estuvieras viviendo, aprender a valorar y comprender más a los demás, a ser más empático con las personas que existen en este mundo.


La desesperanza: 


Los personajes de Juan Rulfo viven con una continua resignación a su destino sin oportunidades de crecimiento ni de progreso. Como si ellos no pudieran hacer ya nada para cambiar las desgracias que les han sido asignadas por la vida, la naturaleza o Dios. La Tacha tendrá que dedicarse a la mala vida sólo porque perdió vaca en el cuento “Es que somos muy pobres”.


La culpa y el remordimiento:


Juan Rulfo también se mete en lo más recóndito de los sentires humanos y lo impregna en sus personajes. Sus pecados del pasado, el saber que hicieron algo mal, los crímenes cometidos. Todo ese ambiente que se vive de violencia, crímenes, inmoralidad, adulterio y asesinatos contrasta con el temor de ellos ante el sentir de que eso no es lo correcto, pero no tener la capacidad de controlar sus instintos humanos. 


Tú puedes ser capaz de sentir en el cuento de “Talpa” el remordimiento que sienten los personajes por el adulterio y el crimen cometido. Esa sensación que en algún momento nosotros también podemos haber llegado a sentir y nos hace sentir devastados. 


La desilusión de la Revolución:


Juan Rulfo nos muestra otra historia de México posrevolucionaria, ahora vamos y celebramos cada 20 de noviembre. Pero cuando vemos la otra cara de la historia contada a través de esta literatura de ficción, en donde los campesinos nos cuentan con sus vivencias cotidianas como la Revolución Mexicana no les resolvió nada. 


“Nos han dado la tierra” y “El llano en llamas” nos hacen sentir una profunda desilusión respecto a nuestro país. Pero vuelvo a insistir, esa desilusión no debemos verla como algo negativo, al contrario, es una forma de invitarnos a tomar conciencia de la realidad. La realidad duele, pero una vez que pasamos del colapso espiritual en el que nos deja suspendidos Rulfo, nace en nosotros el coraje necesario para querer cambiar el rumbo de nuestra historia.


La soledad y la incomunicación:


El cuento de “Luvina” conecta con una realidad contextual del periodo posrevolucionario, una profunda soledad y olvido del Estado. Pero además, el sentir del protagonista es tan profundo que puedes llegar a conectar con él en el sentido más universal posible. 


Porque, ¿quién de nosotros no se ha sentido tan solo y aislado emocionalmente de los demás? Esto nos ayuda a comprender que hay algo muy dentro de nosotros que indistintamente de cuales sean nuestras condiciones sociales o históricas, tenemos mismos sentires, mismas desolaciones. 


Emocionalmente te sacude el estilo de este escritor, te hunde en ti mismo y después te devuelve al mundo, pero sabes que ya no eres el mismo.  

 

La religiosidad popular:


Los personajes de Juan Rulfo viven fanatizados con la religiosidad, eso justifica sus cargos de conciencia, esos tormentos morales que los acechan constantemente. Pero también en “Anacleto Morones” muestra cómo incluso algunos de ellos utilizan el estandarte de la religiosidad para aprovecharse de los demás y vivir obteniendo beneficios de la debilidad que otros tienen ante la idea de ese Dios que parece haberlos olvidado. 


“El llano en llamas”, Juan Rulfo y yo:


Era una adolescente cuando conocí por primera vez a Juan Rulfo, su cuento de “No oyes ladrar los perros” me desbordó por completo. En esa edad de búsqueda de identidad y rebeldía ante mis padres, pude por un instante ponerme en el lugar de ellos. Porque los dos personajes principales de ese cuento, el padre y el hijo, me habían dado la capacidad de entender cómo ambos sufrían y en realidad no había culpables allí, sólo seres humanos luchando por sobrevivir. 


Posteriormente les leí este cuento a mis alumnos de la preparatoria y cuando terminé les pregunté de manera general qué les había parecido. Todos sin excepción, y de todos los grupos a los que daba la misma materia y en el mismo grado, dijeron exactamente lo mismo: juzgaron al jovencito por mala leche (obviamente con palabras de adolescente).


¿No era eso asombroso? Esos jovencitos, que me sacaban canas verdes todos los días y vivían retando a los adultos y a la autoridad, podían reconocer que un joven de su edad la estaba “regando” con su padre, con sus padres. Es tan bello como este autor logra expresar las cosas a tal punto que te inunda por completo de humanidad.


Este cuento me ayudó a sobrellevar el duelo de la muerte de mi padre, fue algo increíble. Ya ni siquiera estaba junto a mí, ni el libro ni mi padre. Pero solo tuve que recostarme y recordar todo y llorar hasta que mi alma pudo hacerme saber que todo estaba bien. No suelo llorar por los duelos, no suelo superar mis duelos, simplemente los hago a un lado y sigo mi vida. Pero tal vez sigan allí dentro de mí de alguna manera. Ese ha sido el único duelo que he enfrentado en mi vida de manera consciente y lo que sigue después, simplemente es algo que parece abrir un horizonte entero de plenitud total. Y sí, esa historia estaba allí, “No oyes ladrar los perros”.


No me alcanzaría la vida para explicarte todo lo que ese cuento ha significado para mí, en qué otros momentos de mi vida ha venido a mi lado para reconfortarme o darme la inspiración necesaria para crear algo que considero muy importante y valioso para mí. 


Con decirte que un día lo utilice como epígrafe (esa frase donde al final el padre le dice que si él escuchaba a los perros por qué no lo pudo ayudar al menos con esa esperanza) para un escrito de comunicación institucional en donde iba a hacer una solicitud a mis superiores. Ese es uno de los puntos más difíciles de la comunicación humana, sobre todo en las organizaciones, tener que utilizar la comunicación en sentido ascendente para pedir algo que necesitas. 


Cuando les doy la materia de comunicación organizacional a los alumnos o en algunos trabajos donde he colaborado nadie quiere escucharme, tienen pánico. Pero es que los libros dicen tantas cosas bellas, en este caso estoy hablando de los libros académicos y científicos. Ellos dicen que sí es posible, que incluso es necesaria, de eso va la comunicación organizacional, de eso va el progreso de la humanidad.


Pero ellos tienen miedo, y claro que yo también tengo miedo, y los libros dicen que es normal que tengamos miedo ante este tipo de comunicación. Pero los libros me juran que es el camino hacia la felicidad y yo por más que intento, no puedo dejar de soñar.


Así que sí, contra todo pronóstico, me armo de valor, tomo mi pluma y sigo mis ideales. Los libros académicos y científicos me lo han prometido y yo confío en ellos, pero si tengo miento sé que Juan Rulfo o cualquier obra de literatura recreativa estarán conmigo. Porque cuando la ciencia ya no puede avanzar debido a que los seres humanos nos aferramos, como los personajes de Juan Rulfo, a la desesperanza y la desolación, vienen los escritores como Juan Rulfo y te muestran cómo podemos construir un mundo donde existirá lo que nosotros deseamos que exista.


Algunos de sus personajes son reales y otros no, pero nunca morirán, estarán allí para nosotros. Intactos. Y ahora seremos nosotros quienes decidamos qué queremos hacer con ellos. Ni ellos ni su creador, Juan Rulfo, podrán hacer ya nada para cambiar sus vidas ficticias, reales o verosímiles. Pero jamás se apagará su existencia de nuestras mentes ni de nuestros corazones. 


Algún día nosotros al igual que ellos dejaremos de existir y ya nada podrá cambiar de lo fuimos. Qué somos ahora, qué queremos ser justo aquí.


No me gusta tener libros en físico, me gusta no aferrarse a las cosas materiales. Poder viajar de un lado a otro, sentirme libre sin ningún tipo de ataduras. Los libros en físico me hacen sentir aprisionada a lo material, a tener que cargar una maleta. Y no es que no me guste leer, pero prefiero hacerlo digital, me siento más libre sin nada a cuestas. 

Pero el libro de cuentos de “No oyes ladrar los perros” de Juan Rulfo siempre debe estar junto a mí. Porque puedo leer sus 17 cuentos una y otra vez y otra vez y descubrir siempre algo nuevo que no había descubierto antes. Me han fascinado muchos libros, pero este libro en específico, lo quiero siempre junto a mi corazón, hay algo en él que me hace sentir que forma parte de mí piel. 


No logro entender ¿por qué? Si por algún motivo lo pierdo, voy y compro otro. Es que soy muy distraída, en verdad se me dificulta conservar cosas materiales. Soy muy hippie, digo yo, je, je, je. 


Hoy en día hay muchas personas que siguen siendo amantes de los libros en físico, igual yo disfruto más leer así. Pero por practicidad prefiero el digital. Pero Juan Rulfo y el libro de cuentos de “El llano en llamas” ese no, ese sí necesita ser físico y para siempre mío.


Aunque hoy en día hay otro libro en físico que también me acompaña, porque tiene un gran valor sentimental para mí. Algún día les contaré también sobre la historia de este otro. 


Por ahora solo diré que cuando era niña mi abuelito por parte de mi mamá, me contaba las historias de él viviendo en la Revolución cuando tenía 11 años y sí, él es un personaje de Juan Rulfo. Yo era niña y los maestros y los libros de historia me decían una cosa sobre la Revolución Mexicana y mi abuelito me contaba sus historias que realmente no eran lo que los libros decían. 


Yo creí en mi abuelito, yo creí en Juan Rulfo, elegí creer en las personas. Sí creo en los libros académicos y científicos, pero cuando ellos no me dan lo que yo necesito, prefiero creer en mí y en las personas que quiero. Porque eso es lo más valioso que tenemos en este mundo, nos tenemos a nosotros mismos y a los demás, por lo que nuestra felicidad y dignidad humana debe ser prioridad. 


Cuando mi abuelito me contaba estas historias, él estaba recostado sobre una hamaca y yo sentada en una piedra escuchándolo con emoción. Él murió así, dormido en una hamaca, tranquilo y en paz. Así quiero partir yo, esa es la muerte más digna y humana que alguien pueda tener. En medio de la naturaleza el campo, cobijado bajo la frescura de los árboles y durmiendo en una hamaca ya viejito y sin ningún tipo de enfermedad. 


Y con el libro de cuentos “El llano en llamas” de Juan Rulfo entre mis manos.  


Fecha de publicación: 23 de agosto de 2026