Esta es una historia aterradora
donde ella lo ama y él no se enamora,
donde ella arde en llamas y él la ignora.
Es una historia de amor, de locura y de muerte,
como las de Horacio Quiroga.
Era el crepúsculo del atardecer,
los árboles secos crujían tenebrosamente
con el viento helado del infierno.
Ella esperaba, no sabe exactamente qué esperaba,
Pero ella esperaba.
Las lágrimas se escarchaban apenas acariciaban sus mejillas,
pero no eran las mejillas de ella;
Eran las mejillas de una sombra desgarrada que la abrumaba.
Detrás de ella el viento rasgaba cadenas
y la sombra gemía en agonía.
Y llegó él, con su caballo negro a todo galope,
y se detuvo allí junto a ella
como si hubiera algo que le perturbara.
Sintió escalofríos con el alarido ensordecedor
de aquella alma en pena
y las cadenas jadeantes roncas de estupor.
Ella amó el calor que él dejó a su paso,
porque a pesar de ser el protagonista
de una novela de caballerías,
Sintió temor de aquella soledad y oscuridad soterrada.
Y ella le preguntó melancólica: ¿por qué no me amaste?
Y a lo lejos, el soplo del viento le trajo un susurro que le
marchito el corazon:
“Las almas en pena deambulan esta noche,
arrastran sus cadenas ensangrentadas,
parece como si quisieran escapar del infierno,
pero ya están condenadas”.
Las lágrimas dejaron de ser glaciares.
y se convirtió en sangre;
los gusanos comenzaron a brotar de entre sus ojos
y carcomieron la poca piel que le quedaba en la cara;
los vacíos de sus entrañas se tuperieron de moscas,
y el putrefacto aroma a vómito y escupitajo la fermentaban.
El caballero llegó a una taberna lejana,
algunos forajidos le preguntaron
del porqué de su rostro estupefacto.
Él les platicó de los alaridos abismales que escucharon a su paso.
El cantinero le respondió:
“Son del ánima en pena que ronda por esa pradera.
Dicen que allí se inmoló una loca que escapó del manicomio.
Enloqueció de amor y la amargura le carcomía
hasta la última víscera de sus entrañas.
Cuentan que con el tiempo logró recuperarse
y una noche oscura y fría conoció al amor de su vida;
pero ya era demasiado tarde,
porque ella ya no existía.”