Fragmentos de mí: barbies empoderadas

Capítulo 1 de 4

Mi gran tristeza infantil: no tener una barbie original de mattel

…Y digo que yo no era necesariamente una niña infeliz porque mis tristezas profundas, esas que causaban tormentas en mi corazón, hoy las puedo ver como quizás simplemente tormentas en vasos de agua. Y era así como las veían los adultos, y es así como las seguimos viendo los adultos, pero los niños no ven el mundo desde la misma perspectiva en que nosotros los adultos lo hacemos.


Y si no es así, juzguen ustedes. Una de las tristezas más profundas de mi infancia, el dolor quizás más grande de mi vida infantil, era no tener mis barbies "de carne y hueso". Así llamábamos en la jerga infantil a la barbie original de mattel, esas a las que se les podía flexionar sus rodillas y sus codos.


La cual también traía diferentes looks y presentaciones, como lo son la barbie fashionista, barbie moda mágica en parís, barbie princesa, barbie súper princesa, barbie sorpresa, barbie pink collection, etc. Con su ken barbie por un lado y su dream house barbie también.


Y yo no tenía ninguna de esas barbies, solo una copia barata de ellas. Una barbie tiesa, a la que no se le podía flexionar ninguna parte de su cuerpo, ni traía ningún accesorio, solo un pequeño vestido tubular descosido. Sus facciones y maquillaje eran muy poco agraciados, y cabellos no tan largos, escasos y de muy mala calidad.


Y sí, allí en ese profundo dolor de mi pobreza material, fue mi imaginación lo único que me ayudó a resistir. Convertí ese obstáculo en un área de oportunidad.


El sueño de todo niño es estar lleno de juguetes y de mil chacharas más, somos amantes de los souvenires. Pero a mí me daban muy poquitos juguetes, y muy, pero muy de vez en cuando. No era tan seguido.


Así que mi estrategia fue cuidar muy bien mis pocos juguetes, para que cuando llegaran los Reyes Magos del próximo 6 de enero, yo todavía tuviera los del año pasado. Y así irlos acumulando. Y coser ropita para mis barbies con hilo, aguja y retazos de tela que me encontraba por allí.


Mi mamá cosía las almohadas que usábamos en la casa, a las que rellenaba con ropa que ya estaba vieja y no nos quedaba. Yo abría esas almohadas y les sacaba tantito relleno, para hacerles ropitas fashionistas a mis barbies.


También iba a las tiendas en donde, cerca del día de reyes, la gente empezaba a poner juguetes mexicanos para vender. Yo iba a ver el precio de los juegos de té más económicos, para ponerme ahorrar un poco del peso que me daban para gastar en la primaria.


Pero eso fue ya que yo estaba más grandecita, porque cuando era más chica mi mamá tenía una tienda y allí vendía juguetes. La barbie más barata que estaba en la vitrina era la que a mí me traían. Que reyes magos tan listos, solo llegaban y sacaban la barbie de la vitrina y la ponían en mi zapato. Porque la tienda estaba en un local que era parte de nuestra casa.


Por eso yo me ilusioné cuando mi mamá dejó de vender juguetes. Tal vez ahora sí los reyes magos tendrían que ir a buscar mis regalos en lugares donde vendieran barbies originales de mattel. Pero no, me siguió trayendo barbies culecas.


Así que comprendía que los reyes magos no podían ayudarme con mis sueños, tendría que construirlos por mí misma. Así que, fui cuidando muy bien mis barbies y todas las chucherías que yo les hacía y les conseguía.


Y de pronto, cuando menos lo esperé, sucedió la magia. Era llegar de la escuela y abrir una maleta grande y sacar de allí una infinidad de accesorios para barbies y también muchas de ellas. Todas las que año trás año yo fui cuidando y almacenando celosamente.


Y de pronto, un día lejano del día de los reyes magos, voltee y vi que mi hermana un año mayor que yo no tenía nada, a lo mucho tres, cuatro juguetes, y yo tenía tanto. Y no entendía por qué pasaba eso, si ella no era tan “pobre” y desafortunada como yo.


Porque allí les va la historia, la verdadera anécdota que hoy les quiero contar y por la que decidió hoy tomar mi libreta y mi lápiz para redactar un fragmento más del diario de mi vida. Porque ese breve suceso fue muy significativo para mi alma infantil, a tal grado que yo creo que jamás podré olvidarlo. Quizás los adultos olvidan, los niños no.