Capítulo 2 de 4
Bueno, ahí les va el chisme
Les cuento que ese decir que mi hermana no era tan pobre como yo, hace solo referencia a eso de los juguetes que nos traían los reyes magos. Porque en aquel entonces, no sé si ahora también, se acostumbraba que los padrinos también llevaban juguetes de reyes magos a los ahijados.
Y como mis padres tenían un periódico impreso, solían tener buenas relaciones con personajes influyentes y ricos de mi ciudad, o pueblo. Y a mi hermana mayor que yo por un año le tocó la suerte de tener unos padrinos de bautizo con mucho dinero, que cumplieron con su obligación religiosa de llenarla de juguetes costosos el 6 de enero. Barbies originales de Mattel, con infinidad de accesorios, muñecas que lloraban de verdad, etc.
Igual pasó con mi otro hermano menor que yo por dos años, también él tuvo padrinos millonarios, que le daban entre otros muchos lujos carritos de control remoto. Pero los juguetes de él a mí no me interesaban tanto, yo quería barbies de “carne y hueso”.
Pero en mi mala suerte me tocaron padrinos de bautizo que se fueron para el norte a buscar el sueño americano. Así fue como los reyes magos de bautizo me abandonaron y nunca los vi llegar con mis regalos.
Mis reyes lujosos y costosos, nunca llegaron a mis manos.
Pero no estaba sola en mi dolor, otro de mis hermanos menores que yo por tres años también tenía unos padrinos ricos que lo habían olvidado. Pero no lo habían olvidado territorialmente, lo habían olvidado afectivamente. Seguían viviendo en Apatzingán, pero no tenían interés en cumplir con su obligación de padrinos de bautizo: llenar al ahijado de juguetes, ni costosos ni no costosos. Simplemente no le regalaban absolutamente nada.
Y pues yo en mi lógica infantil creía en los reyes magos, pero también me dedicaba a comprender las acciones de los adultos y de los demás niños, así que me puse a sacar mis conclusiones:
Yo sufro mucho porque no tengo esos juguetes costosos al por mayor, y aunque yo había encontrado formas de llenarme de juguetes, yo seguía sufriendo. Sintiendo un gran dolor en mi corazón. No entendía por qué, pero así lo sentía mi ser.
Entonces, volteaba y miraba que a mi alrededor mis hermanos eran felices con padrinos de bautismo millonarios y juguetes costosos. Yo así lo creía en aquel entonces, hoy no sabría decir si ellos eran verdaderamente felices con esos lujos.
Pero ese era mi mundo infantil, esas eran mis reflexiones y sentimientos. Así que ese era mi dolor existencial de aquel entonces. Pero en todo ese mar de lágrimas de mi ser había una esperanza, alguien más ajeno a mí con ese mismo sufrimiento, pero con esperanzas de poderlo apagar.
Mi sufrimiento no tenía solución, el de él sí, o al menos yo así lo creí. Y les estoy hablando de mi otro hermano, el que era menor que yo por tres años, al que sus padrinos de bautizo tampoco le llevaban juguetes el 6 de enero.
Resulta que mis padrinos estaban en el Norte, allá por los Estados Unidos; pero los padrinos de mi hermano vivían en la misma ciudad que nosotros. Incluso su padrino era o fue presidente municipal de nuestra ciudad, yo no sabía eso en aquel entonces, los niños no saben ni entienden de política ni de políticos.
Pero la duda era, por qué si sus padrinos vivían tan cerca de nosotros por qué no le iban a llevar sus juguetes el 6 de enero. Entonces me puse a sacar mis conclusiones de las acciones de los adultos.
El ritual era que en fechas decembrinas, cerca de las festividades navideñas, mis padres y hermanas mayores compraban un regalo para los padrinos de bautizo de mis dos hermanos afortunados, a los que bañaban y arreglaban, para llevarlos a que le dieran regalos esos a sus padrinos.
Esos regalos eran comprados en una tienda decente y envueltos en cajas finamente decoradas por mi mamá. Pero ese detalle de formalidad no estaba presente en mi mente infantil, no me percaté de la importancia que tenía ese aspecto en la práctica de aquel ritual social del mundo adulto.
Y, curiosamente, mi hermano tres años menor y yo no estamos invitados a formar parte de ese ritual navideño de llevar regalos a los padrinos de bautizo. Obviamente, yo entendía que era imposible que me llevaran a mí hasta Estados Unidos, donde vivían mis padrinos. Pero, no entendía por qué no lo llevaban a él, si sus padrinos sí vivían allí en nuestra misma ciudad.
Todas las explicaciones lógicas que pueda darle a un adulto a esta realidad no son las mismas que una niña, y una niña en tiempos de no Internet ni tecnología le daría.
Así que mi única conclusión fue que era necesario llevar regalos en navidad a los padrinos, para que ellos vinieran con juguetes el día de reyes. No pensé en por qué mis papás no lo llevaban a él ya mis otros dos hermanos sí. Solo pensé en que tenía que ir mi hermano a llevar regalos a sus padrinos, y pues le comenté eso a él, y al parecer creyó en mí.
Era obvio que creyera en mí, pues tenía tres años menor que yo. Yo en mi inocencia infantil creía que esa era la solución, y él también lo creyó.
Y en ese momento no me hice esta pregunta, pero ahora sí me la hago, ¿por qué no platiqué eso con los adultos? ¿Por qué no pedí explicaciones y ayuda de los adultos? ¿Por qué decidí yo sola resolver lo más importante?
¿Saben qué era lo más importante? Conseguir los regalos. Envolver los regalos. Y una niña que no tiene dinero, ¿qué regala?