Capítulo 3 de 3
El chico, siempre un chico es el génesis del conflicto existencial de una adolescente
Sí, todo ha sido a causa de un chico que hizo emerger en Elena la ilusión del primer amor. El chico que representaba para ella un amor platónico imposible de alcanzar.
Hace apenas unos meses, Elena se encontraba en la parada del autobús del transporte público, esperándolo para que la llevara a la escuela. El calor ardiente de Apatzingán a la 1:00 de la tarde hacía emerger un vapor candente del asfalto de aquella carretera federal.
De pronto llegó él, con esa hermosa piel atezada y su cuerpo esbelto y atlético, esos músculos que no son voluminosos pero sí estéticamente marcados, ese peinado sexy de su abundante cabello tirado hacía atrás con spray o jalea de peinar.
Mi corazón vibró de emoción, tal vez esa una de las razones por las que prefería tomar el autobús en esa parada y no en otra. Porque vivía con la ilusión de encontrarlo allí, algo que rara vez sucedía. Pero esa vez sucedió.
Él se colocó apenas a unos dos metros de distancia de mí. No nos hablabamos, solo me saludo por educación y yo igual.
—Hola.
—Hola.
Eso fue todo, dos “holas” fríos y secos pronunciados por mera educación, no porque alguno de los dos tuviera intención de iniciar una conversación.
Pero mi corazón vibraba y palpitaba aceleradamente solo de saberlo allí cerca de mí. Los dos solos, alejados del bullicio del salón y de la escuela. Yo anhelaba en lo más profundo de mi corazón que él se fijara en mí, que se atreviera a romper aquel frío silencio que nos envolvía.
Pero nunca lo hacía, las pocas veces que pasaba que coincidimos en la parada del autobús, eso fue a lo más que llegamos. Un simple hola por cortesía y obligación.
Pero yo lo amaba con todas las fuerzas de mi alma y de mi corazón, Con todo el fervor y la ilusión del primer amor, con esa magia que solo una adolescente de 16 años es capaz de amar.
Por fin el autobús llegó y él amablemente me cedió el paso para que subiera primero. Así era él, muy amable y caballeroso con todas las alumnas de la escuela. Recuerdo que se juntaba con el grupito de más relajados y rebeldes de la clase.
Esos que se sientan hasta atrás, que se la pasan saltándose las clases y que por lo regular se llevan muchas materias al extra. Me gustaba su personalidad, era un chico rebelde. Los profesores no podían gobernar sobre él, era libre y audaz, guapo, sexy, varonil, amable y caballeroso. El hombre de mis sueños, mi amor platónico, porque era un hecho que un chico como él jamás se fijaría en mí.
Me senté en un asiento del autobús y él se sentó en otro. Era lo normal, me ilusionaba que algún día él me pidiera sentarse a mi lado y comenzar a conversar. Pero nunca lo hizo y yo jamás se lo pedí.
Ese día al llegar al salón de clase me senté en mi butaca, siempre hasta mero adelante, al pie del escritorio de los maestros, como la típica ñoña que quiere prestar atención a todo lo que dicen sus profesores y no perder ningún detalle. Tomé mi mochila y la puse sobre mis piernas mientras sacaba mis útiles para tenerlos listos al inicio de la clase.
Pero él se sentaba justo hasta el último lugar de esa fila y pasó cerca de mí para dirigirse hacia allá. Para mi sorpresa él se detuvo junto a mí con el ticket del autobús en la mano y me dijo:
—Te tocó un 21.
—No sé.
—Sí, yo tengo un 22, entonces tú tienes un 21.
—Ah, sí—respondí fríamente sin permitir que mi comunicación no verbal reflejara ninguna emoción.
El ya no dijo nada más, solo me miró con desconcierto y bajo su rostro con resignación y siguió el camino hacia el lugar donde se encontraba su butaca.
Claro que sabía lo que significaba que un ticket de autobús tuviera un 21 como terminación de su serie numérica, no era tonta.
Aunque en ese momento que él me dirigió la palabra para decirme eso mi corazón, mi alma y mi ser entero estallaron de emoción y felicidad con el puro hecho de imaginar que él pudiera estar interesado en mí como mujer: No obstante, apagué todo aquel fervor con aquella reacción fría y tajante por cobardía. Por vergüenza de que él pudiera descifrar mis más profundos sentimientos de amor hacia él.
¿Y si él realmente deseaba un beso mío, y si él me amaba como yo lo amaba? Pero mis temores y mi inseguridad me impidieron soñar, me impidieron creer que yo podría ser capaz de gustarle a un chico tan guapo y audaz como él.
Lo más probable es que a él le gustaran las chicas extrovertidas, llenas de maquillaje, zapatillas, joyería y ropa moderna y femenina. Voluminosas y sexys, atractivas y guapas igual que él. A mí me faltaba todo eso, era introvertida, escuálida, tímida, no me maquillaba ni me arreglaba.
Anhelaba ser esa mujer, esa chica ideal para él. Pero él no estaba a mi alcance.
Por eso terminé por creer que a lo mejor me había dicho eso porque quería que yo le regalara ese ticket, tal vez para intercambiarlo con otra chica y no precisamente conmigo.
Si pudiera vencer todos mis miedos e inseguridades por al menos una vez en mi vida, si pudiera sentirme bella y atractiva, capaz de gustarle a él como mujer. Entonces hubiera mostrado menos indiferencia al momento que él me dirigió la palabra para decirme que yo tenía un boleto con terminación 21.
Pero me quedé allí indiferente, sentada en mi butaca, con mi autoestima y mis sueños de amor juvenil marchitos.
Esta historia continuará...