Capítulo 1 de 3

El origen de una nueva especie Los Therians

Buenos Aires, Argentina, 16 de noviembre de 1992


—Hola


—Hola


—¿Cuál es tu película de terror favorita?


—It, ¿y la tuya?


—It es muy boba, no espanta ni a un niño de tres años, ja, ja, ja. A mí no me gustan las películas de terror, prefiero las que tratan sobre hombres lobo.


—Eso no es verdad. It no me dejó dormir en toda una semana, todavía tengo pesadillas cuando la recuerdo. Es realmente espantosa.


—Entonces eres una niña boba.


—Bobo tú. Las películas de hombres lobo sí son realmente bobas, porque los hombre lobo no existen y los payasos diabólicos sí.


—¿Qué puede tener de diabólico un viejo ridículo lleno de maquillaje? Ja, ja, ja.


—¡Basta! ¡Ya no te sigas burlando de mí! Si sigues así me voy a desconectar y jamás volverás a saber nada de mí.


—¡Espera…!


—¿Qué?


—Hay que vernos en persona.


—No.


—¿Por qué no?


—Porque no te conozco.


—Pues esa es la idea, que nos conozcamos. 


—Me refiero a que no tengo ninguna certeza de que seas la persona que dices ser.


—Soy un chico de 12 años, guapo y apuesto. Tú me has dicho que eres una chica de mi misma edad y yo sí te creo.


—Tengo miedo.


—¿De qué?


—De que seas un payaso diabólico.


—¡Ja, ja, ja! Ahora sí te pasaste. Es más probable que yo sea un hombre lobo hambriento que un payaso diabólico, ja, ja, ja.


—¡Basta! ¡Te dije que basta! —Fue lo último que escribió la jovencita y después su estado apareció fuera de línea en la web.


—¡Espera, lo lamento! —escribió el chico apresuradamente en su computadora al mismo tiempo que repetía estas palabras en voz alta angustiado desde su recamara donde se encontraba escribiendo en su computadora. 


A partir de ese momento, el joven visitaba todas las noches el foro de Usenet, con la esperanza de ver alguna publicación de ella en el grupo de discusión de horror de werewolves. Pero ya no volvió a ver nada. También le enviaba correos electrónicos a diario, no obstante, ella jamás los respondía. Parecía como si se hubiera esfumado del mundo digital. 


Fue hasta finales del año de 1993 cuando el joven por fin vio en este foro una publicación que le llamó la atención:


—Me he sentido muy extraña últimamente, es como si muy dentro de mí existiera una conexión espiritual con los hombres lobo. Sueño que por las noches voy a deambular por el bosque y amanezco muy cansada de mis pies y mis manos. Tengo arañazos en todo mi cuerpo y rastro de maleza en mis cabellos y mis uñas. 


La publicación terminaba firmada con la siguiente dirección de correo electrónico: [email protected]


—¡Hola! —se apresuró el chico a enviar un mensaje privado a este correo electrónico, pero no obtuvo ninguna respuesta. 


Así transcurrió todo un año, hasta que en 1994 por fin recibió una contestación desde aquel correo electrónico misterioso:


—Hola.


—¡Hola!, ¿eres tú?


—Sí, soy yo.


—¿Qué te habías hecho? ¿Por qué no respondías mis correos?


—Quiero verte.


—Yo también, me gustaría tanto poder conocerte en persona. Te me haces una chica muy interesante.


—Hay que vernos ahora.


—¿Ahora?


—Sí, ahora.


—Pero son las 3:00 de la madrugada, mis papás no me dejarán salir a esta hora.


—Escápate.


—¡¿Escaparme?!


—Pensé que querías conocerme en persona.


—Sí, pero en un horario razonable. No en plena madrugada. 


—Estoy en el bosque que está cerca de tu casa, sal por la ventana de tu cuerpo, baja por la escalera de incendios. Allí al pie de la escalera está tu bicicleta, ven en ella. 


—¡Espera! ¡¿Cómo sabes que tengo una bicicleta y que está al pie de la escalera de incendios de mi cuarto?! ¡¿Cómo sabes donde vivo?! —preguntó el chico sinceramente alarmado y desconcertado.


—Usa alguna máscara de animal que tengas, por la seguridad de ambos no debemos vernos el rostro. 


—¿Qué? ¿Una máscara de animal? ¿De dónde voy a sacar una máscara de animal a estas horas?


—Yo traigo una máscara de mujer lobo y estaré practicando un poco de quadrobics aquí en el bosque.


—¿Por qué harías algo así?


—Si no vienes hoy, jamás volverás a saber nada de mí. Esta vez es definitivo. 


Fue lo último que escribió la jovencita antes de quedar completamente fuera de línea de Internet.