Capítulo 2 de 3

Los hombres verdes acechan a la nueva especie emergente de los therians

—¡Hola!


—¡Hola!


Se saludaron por primera vez en persona, cubierto cada uno por una máscara que protegía la identidad de sus rostros. Allí en medio de aquel bosque rodeado de penumbras en una madrugada sin luna.


—Creía que no vendrías, ¿de dónde sacaste esa máscara de hombre lobo?


—Moría de curiosidad por conocerte en persona. Esta máscara es del halloween pasado, ya te había dicho, me fascina todo lo que tenga que ver con hombres lobo.


—Sí, lo recuerdo.


—Lo que no entiendo es cómo a ti de pronto te comenzaron a llamar la atención los hombres lobo, hasta donde recuerdo te parecían bobos.


—Ya no es así.


—¿Por qué? ¿Qué cambió?


—No lo sé, algo muy extraño está pasando en mí. ¿Has practicado quads? 


—Sí, ¿por qué?


—Curiosidad.


—Oye, déjame ver tu rostro.


—No.


—¿Por qué no?


—No es seguro, alguien podría vernos.


—¿Quién podría vernos aquí en medio del bosque a deshoras de la madrugada?


—Los hombres verdes.


—¿Los hombres verdes? ¿Quiénes son los hombres verdes?


—No lo sé, por eso te contacté. Tengo miedo, necesito que me ayudes. Ellos me siguen a todas partes, creen que no me doy cuenta. Pero lo veo, todo el tiempo me están vigilando.


—Creo que mejor me voy a mi casa, comienzas a preocuparme. 


—¿Tienes miedo de mí?


—Me estás hablando de cosas que no entiendo y tienen muchos detalles sobre mi vida y yo ni siquiera te conozco. Mejor me voy —dijo el chico tajantemente al momento de que dio media vuelta para retirarse del lugar, pero en eso dos hombres vestidos formalmente de traje verde y gafas del mismo color aparecieron justo enfrente de él.


—¡Quads! —le gritó la chica al momento que ella emprendía la rápida huida realizando este tipo de saltos usando las cuatro extremidades mientras corría lo más lejos posible de allí.


El joven volteo hacia atrás para darle la espalda a aquellos hombres extraños y de inmediato hizo lo mismo que la chica hacía para alejarse del lugar. Los hombres de verde los siguieron a los dos jóvenes realizando los mismos saltos con sus cuatro extremidades cada uno. 


No pasó mucho tiempo para que los dos jovencitos fueran atrapados por aquellos dos hombres misteriosos, quienes les lanzaron unos dardos con somníferos y después se los llevaron consigo en su automóvil Honda NSX negro de vidrios polarizados.


Después de mirarse fijamente por largo rato el chico por fin la saludó:


—Hola.


—Hola —la joven le respondió.


—Creía que no vendrías, ¿de dónde sacaste esa máscara de hombre lobo?


—Moría de curiosidad por conocerte en persona. Esta máscara es del… ¡espera! —Se detuvo el chico desconcertado antes de terminar la frase.


—¿Qué sucede?


—¿No sientes una sensación extraña?


—¿Extraña en qué sentido? No sé a qué te refieras.


—Sí, es como si esto ya la hubiéramos vivido antes.


—¿Un déjà vu ? 


—Sí, eso, un déjà vu, como si esto ya lo hubiéramos vivido antes.


—No, yo no siento nada. 


—Mira el cielo, ¿ves algo extraño?


—No, no veo nada extraño —respondió la chica mientras volteaba a mirar el cielo por encima de las copas de los árboles.


—¿Segura?


—¡La luna! ¡Hay luna llena! ¡No había luna está noche! —gritó la chica espantada.


—Así es, algo muy extraño está pasando, parece como si hubiéramos viajado en el tiempo o algo así.


—Esto es obra de ellos, estoy segura de que ellos son los responsables.


—¿Ellos? ¿Quiénes?


—¡Los hombres de verde!


—¿Los hombres de verde? ¿Quiénes son los hombres de verde?


—No lo sé, son unos hombres que me están acechando, me siguen a todas partes. Yo finjo que no me doy cuenta, pero ya no sé qué hacer, tengo mucho miedo. Por eso te pedí que vinieras.


—Está bien, no te preocupes, yo estoy aquí contigo. Ambos nos protegeremos. 


Terminando de decir esto los dos jóvenes se abrazaron con gran ternura y cariño. Temblaban de miedo por no entender lo que les estaba pasando, pero ahora ya no estaban solos, se tenían el uno al otro.


—¿Sientes lo mismo que yo? —preguntó la jovencita al chico.


—¿Te refieres a esta sensación de que mi alma y mi espíritu son los de un lobo? ¿Estas ansias de correr con mis cuatro extremidades por todo este bosque y sentirme completamente libre? ¿Está necesidad intensa de encontrar a mi manada, jóvenes que puedan sentir y pensar lo mismo que yo?


—Sí, a eso me refiero.


—Sí, lo siento. Lo siento en lo más profundo de todo mi ser. 


—¿Crees que haya otros chicos a los que les pase lo mismo que a nosotros?


—Tal vez…


—Me siento muy atraída por ti.


—Yo por ti, me gustaría poder ver tu rostro ¿podemos quitarnos estas máscaras?


—No, aquí no es seguro, alguien podría vernos. Ya casi va a amanecer, debemos ir a nuestras casas.


—Quiero ver tu rostro, por favor, permite conocerte —suplicó el chico.


—De acuerdo, cierra tus ojos.


—¿Qué? ¿Cómo podré verte si cierro los ojos?


—Tú sólo haz lo que te pido, por favor.


—De acuerdo —respondió el chico al momento que seguía las indicaciones de la joven y cerraba sus ojos.


Entonces, ella descubrió el rostro de ambos y le dio un tierno beso de piquito al joven en la boca. Él inmediatamente reaccionó abriendo los ojos emocionado, pero ella ya no estaba allí, él se encontraba solo en aquel bosque apenas alumbrado por el resplandor de la luna llena. Parecía como si ella se hubiera esfumado. 


“Su nombre, ni siquiera me dijo su nombre”, pensó el chico con profunda nostalgia.


Por un instante creyó que todo había sido un sueño, pero al llevar sus dedos a los labios pudo sentir todavía impregnados en ellos el sabor a fresas de los labios de ella. 


Al mismo tiempo que el suave viento le trajo el aroma de su piel a ciruela de ámbar negro, crema de cassis oscura, maderas de vainilla y jazmín. Ella había estado allí, de eso no quedaba duda, ella era real.