Capítulo 3 de 3
Una radio escolar y la oportunidad de encontrar a Mía
Un mes después:
—Hola, niños, buenos días.
—Buenos días, maestra Any.
—Saquen su Libro de Proyectos Comunitarios, hoy vamos a trabajar el bloque "Seamos periodistas por un día".
—Maestra, ¿qué es un periodista?
—Un periodista es una persona que informa sobre las cosas que pasan en una comunidad a través de los medios de comunicación masiva, para que todos estemos informados de lo que sucede en nuestra localidad.
—¿Qué son los medios de comunicación masiva?
—Esos medios a través de los cuales ustedes pueden contarle a muchas personas a la vez lo que pasa o decirles lo que piensan o lo que sienten. Por ejemplo, la radio, la televisión, el Internet.
—Maestra, yo quiero ser periodista para preguntarles a todas las personas si han visto a Mía.
—Mía, ¿quién es Mía?
—Mía, es mi perrita, se me perdió.
—Oh, Lucy, en verdad lo lamento mucho. Y sí, claro que sí, podemos hacer un anuncio para informar lo que pasó con tu perrita y si alguien la ha visto, podría ayudarnos a encontrarla.
—¿En dónde haremos el anuncio maestra?
—En una radio escolar que publicaremos a través de Internet. Donde ustedes podrán hablar para comunicarse con todas las personas del mundo. Además de buscar a Mía, ¿qué otra cosa les gustaría comunicarles al mundo?
—Que los perritos de la calle tienen hambre porque no tienen croquetas.
—También tienen frío porque no tienen cobijas para taparse.
—Queremos que nos ayuden a rescatar a los perritos de la calle, para que ya no sufran.
—A lo mejor Mía ya también se volvió una perrita de la calle —dijo una niña sin malicia, pero cuando Lucy escuchó esto echó a llorar desconsoladamente.
—Oh, Lucy, cariño. Tranquila —se acercó la maestra para abrazarla dulcemente e intentar consolarla.
—A lo mejor Mía ya se murió de frío, porque llovió mucho y cayó granizo —dijo otro niño también de manera ingenua y sin maldad, pero eso terminó por agobiar más a Lucy.
—Ya niños, dejemos de hablar de Mía. —Intentó poner orden la maestra cuando se dio cuenta que las cosas se estaban saliendo de control y que Lucy no dejaba de llorar—. No podemos estar suponiendo cosas que no nos constan. Lo mejor es mantenernos optimistas y pensar que Mía está bien.
—¡Sí maestra! —respondieron todos los niños educadamente aceptando la indicación de la maestra.
—Tú, Elías, te nombro líder de esta actividad. Lean el proyecto que les indique en voz alta. Voy a salir aquí afuerita en la banquita que está junto al salón a platicar un ratito con Lucy, desde allí los voy a estar viendo. No tardo. Vente, Lucy —dijo la maestra Any al momento que salía junto con la niña del salón.
Mientras tanto, Mía en el gueto:
—Ya, Mía, levántate, ya estuvo suave de tantas tristezas. Ya viste que pasó el tiempo y tu dueña jamás vino por ti. Te abandonó como a todos nosotros nos abandonaron también —dijo Lorena a Mía en su cantoncito que había acondicionado como hogar y donde Mía había permanecido triste echada en el suelo.
—Tenías razón, Tú y Rufián tenían razón. Los humanos son malos, solo nos acostumbran a ellos, nos encariñan y después rompen nuestro corazón. Yo creí que Lucy era diferente, pero es igual a todos de egoísta solo piensa en sí misma —respondió Mía resignada y con profunda tristeza.
—Así es, cuando se sienten solos vienen a nosotros y nos utilizan. Ahora además nos usan para sacarse fotos o videos en esos aparatos electrónicos y subirlos a eso que llaman Internet, pero necesitan que sean perritos igual de guapitos que ellos para presumirlos. Por eso prefieren comprar de raza pura y a nosotros los corrientitos echarnos a la calle, porque les quitamos glamour con nuestra sencillez. No salimos bien en eso que llaman redes sociales.
—¿Nosotros qué culpa tenemos de no haber nacido de raza pura? De no ser guapitos y de raza pura —respondió Mía desconsolada.
—Esos antes eran nuestros hogares, pero llegaron esos perritos fifis y ocuparon nuestros territorios. Por eso tuvimos que venirnos acá al gueto, porque nos quitaron lo que era nuestro, a nuestros dueños. Solo porque no cubrimos los estándares de belleza y riqueza que ellos quieren presumir ante los demás. —Continuaba diciendo Lorena con profunda amargura.
—Me duele tanto descubrir que Lucy sea igual a todas esas personas que nos cambiaron por esos perritos fifis. Tal vez ya hay otro perrito de raza pura ocupando el corazón de Lucy en estos momentos.
—Eso no lo dudes, de seguro se está tomando fotos con ella y subiéndolas a Instagram. Para presumirles a todos que ella es fifi y tiene una perrita fina y guapita.
—Sí es lo más seguro, Lucy ya me olvidó.
—Así son los humanos de malos. Luego vienen aquí al gueto a tirarnos unas cuantas croquetas y tomarse fotos con nosotros para que piensen que son buenos y caritativos. Cuanto no es por vanidad de que vean lo guapos y millonarios que son, es por vanidad de que vean lo caritativos y piadosos que son. Pero puras apariencias al fin, y nosotros solo somos objetos para ellos para satisfacer sus vanidades.
En ese momento llegaron Rufián y los otros perros de su jauría a donde estaban platicando Mía y Lorena.
—¿Qué hacen aquí? ¿Vienen a burlarse de mí porque Lucy nunca vino por mí? —respondió Mía enojada.
Después de un mes en el gueto Mía comenzaba a sacar su rabia y amargura. Comenzaba a afilar sus uñas, lista para comenzar la batalla. ¡Rasguñar y morder o ser rasguñada y mordida! ¡La ley del más fuerte! Lorena también se preparó para atacar a Rufián y su jauría, poniéndose del bando de su nueva amiga Mía.
Esta historia continuará...