Capítulo 18 de 20

La firma del dueño

Cuando comenzó el cultivo del organismo receptor, Scarlett entregó a Julián el nombre del centro.

Ya no podía seguir aplazando sus preguntas.

Él leyó el informe de admisión.

Después levantó la vista.

—Es Helix.

Ella estaba sentada al otro lado de la mesa.

—Sí.

Julián dejó las hojas.

Scarlett sostuvo su mirada.

—Octavio autorizó mi ingreso.

El silencio se prolongó hasta que ella oyó el refrigerador arrancar.

—¿Cuándo hablaste con él?

—Hace unas semanas.

Julián se puso de pie.

Scarlett quiso levantarse también, pero le faltó fuerza.

Él lo vio y permaneció junto a la silla.

—Me dijiste que era un programa de pacientes.

—Era la única forma de que aceptaras que siguieran evaluándome sin discutir.

Julián cerró los ojos.

Ella oyó cómo sonaba su propia explicación.

Otra vez había decidido por él.

—No estoy justificándolo —añadió—. Estoy diciéndote por qué lo hice.

Julián miró los informes.

Tenía delante el procedimiento que conocía, las instalaciones que necesitaban y una fecha posible.

—¿Qué le prometiste?

Scarlett bajó la vista.

—Que hablaríamos cuando saliera.

No era toda la verdad.

Él esperó.

Ella alzó la cara.

—No quiero volver con él.

Julián la observó con dolor y cansancio.

—Quiero que vivas —dijo finalmente—. No voy a pedirte que rechaces esto.

Scarlett se llevó una mano a la boca.

Él recogió el informe.

—Pero necesito saber qué van a hacerte. Hablaré con el equipo si tú lo autorizas.

Ella asintió.

No le contó lo de las acciones.

⁂

Octavio interpretó la presencia de Julián de otra manera.

—No lo quiero dentro del centro.

Scarlett lo escuchó desde una cama de evaluación.

—Entonces dile al médico que no permita preguntas.

Él frunció el ceño.

—No juegues conmigo.

—Julián conoce el procedimiento. Si encuentra un error, prefiero que lo diga antes de que me duerman.

Octavio caminó hasta la ventana.

Ella dejó que se enfadara.

Había descubierto que podía soportar mejor su ira cuando no tenía fuerzas para intentar complacerlo.

—No te estoy pidiendo que lo contrates —añadió.

El magnate volvió hacia ella.

—Cuando termine esto, se acaba.

Scarlett sostuvo su mirada.

—Cuando termine esto podremos hablar de lo que viene después.

Octavio aceptó la frase porque necesitaba creerla.

Durante las semanas de cultivo, Julián pudo hablar con el equipo clínico y revisar los datos que Scarlett autorizó compartir. Su participación quedó limitada a su atención: no retiró su reclamación contra la empresa ni aceptó integrarse a su plantilla.

⁂

La reorganización del grupo avanzaba al mismo tiempo que la preparación médica.

Scarlett recibía documentos, hablaba con su abogada y hacía preguntas durante los días en que el dolor se lo permitía.

Helix era la pieza que Octavio esperaba utilizar para sostener el resto de sus negocios.

Había comprometido inversiones, respaldado deudas y concentrado participaciones en una sociedad cabecera. Las patentes que había conseguido registrar sobre los desarrollos posteriores estaban dentro de aquella estructura, junto con el control de las instalaciones y las licencias.

El descubrimiento de Julián seguía impugnado.

Octavio hablaba de aquella controversia como si fuera una filtración en una casa enorme: molesta, costosa, reparable.

—En cuanto tengamos resultados suficientes, nadie va a querer detener esto —dijo una tarde.

Scarlett lo miró desde el sofá.

Sobre sus rodillas tenía una carpeta de la sociedad que habían creado para garantizar su atención.

—¿Mi tratamiento va a ser uno de esos resultados?

Octavio vaciló apenas.

—Puede ayudar.

Ella cerró la carpeta.

Había encontrado otra cosa que él necesitaba.

⁂

Scarlett empezó pidiendo una cobertura que continuara aunque terminara la relación. Beatriz preparó una opción sin acciones, respaldada por recursos separados de las cuentas de Octavio.

Él la rechazó.

—No voy a dejar dinero inmovilizado mientras Nadir está negociando cada vencimiento.

Días después fue él quien volvió a mencionar la sociedad cabecera. Si Scarlett aceptaba el bloque de control y el fondo aprobaba el cambio, podría evitar la entidad independiente que le habían propuesto.

—Tú tendrías la garantía que quieres —dijo—. Y cuando estés bien ordenaríamos lo nuestro.

Scarlett lo dejó hablar de una casa y de viajes. Después pidió ver la oferta de Nadir.

El fondo no aceptó su nombre sin más. Solicitó información sobre los pagos recibidos, la devolución y su participación en la entrega de los archivos. Beatriz le advirtió que todo aquello constaría por escrito y que las reclamaciones pendientes no desaparecerían.

Scarlett autorizó la entrega de la información. El fondo mantuvo el examen de las cuentas en manos de un equipo externo y exigió que cualquier acuerdo con Julián lo revisaran consejeros sin relación con ellos.

Octavio protestó menos de lo que ella esperaba. Necesitaba el dinero antes de que venciera la deuda.

Scarlett empezó a comprender el precio que él estaba dispuesto a pagar por evitar una venta forzosa. No había conseguido que dejara de hacer cuentas. Había conseguido entrar en ellas.

⁂

—No puede obtener el control de un grupo entero con una cláusula escondida —le dijo su abogada.

Scarlett estaba pálida aquella mañana.

—Ya lo sé.

—Entonces debemos hablar con claridad. Una participación no es una patente. Una patente no transmite una empresa. Son actos distintos y requieren documentos distintos.

La mujer desplegó los borradores.

Scarlett los miró.

Había aprendido más en aquellas semanas que durante todos los años escuchando llamadas desde un sofá.

—Quiero saber qué tendría que aceptar él —dijo.

La abogada se lo explicó.

No habría una página milagrosa.

Habría una transmisión real de participaciones, acuerdos sobre activos y obligaciones que no desaparecerían porque Scarlett se sintiera engañada antes.

—Y si él lo acepta suponiendo que usted se lo devolverá…

Scarlett levantó la cara.

—Yo no voy a firmar que se lo devolveré.

La abogada dejó de señalar el documento.

—Eso no resuelve lo que le está haciendo creer.

Scarlett apoyó las manos sobre la mesa para contener el temblor.

—No.

⁂

Octavio recibió el conjunto de documentos una semana antes del procedimiento.

Su director jurídico pidió posponer la firma.

El magnate estaba irritado por otra negociación y no toleraba que le añadieran obstáculos.

—Revísenlo otra vez —ordenó.

Lo revisaron.

Hubo correcciones y reuniones.

Scarlett permaneció fuera de varias. En otras participó por videollamada, con el cabello cuidadosamente peinado para que nadie confundiera su debilidad con una retirada.

El documento definitivo transmitía a Scarlett el cincuenta y uno por ciento de los votos de la sociedad cabecera que Octavio había utilizado para concentrar sus participaciones. Ese bloque comprendía el control indirecto de Helix y de las otras empresas del grupo, con sus instalaciones y las controversias pendientes sobre algunos registros de propiedad intelectual. Octavio conservaba el cuarenta y nueve por ciento restante, comprometido en garantía de préstamos anteriores.

Sus deudas personales y las garantías otorgadas por él quedaban a su cargo; la transmisión del bloque de votos no las extinguía.

El director jurídico lo advirtió.

Nadir condicionó el desembolso a que la transmisión fuera efectiva y quedara inscrita. También impuso límites a la salida de dinero y una auditoría sobre las operaciones anteriores. Las reclamaciones de Julián y la responsabilidad de quienes habían obtenido sus archivos quedaban fuera de cualquier liberación.

—Podemos financiar una empresa con una controversia declarada —dijo la representante del fondo—. No podemos financiarla como si no existiera.

Scarlett escuchó aquella frase sin buscar la mirada de Octavio.

Octavio leyó la observación.

Después llamó a Scarlett.

—Esto no es una protección médica.

Ella estaba sentada junto a una ventana del centro.

—Es una protección contra ti.

Él guardó silencio.

Scarlett continuó:

—Tú me pediste que volviera a confiar después de decirme que elegí quedarme sin ayuda. Yo te estoy diciendo qué necesito para hacerlo.

Octavio respiró lentamente.

—Cuando estés bien, tendremos que ordenar esto de otra manera.

Scarlett miró su reflejo.

—Cuando esté bien, hablaremos.

El director jurídico llamó a Octavio cuando terminó la conversación.

—Todavía puede aceptar la entidad independiente. O negociar una venta parcial con los acreedores. Con Scarlett, el control será suyo de verdad. Si quiere una devolución futura, habrá que pactarla y someterla al fondo.

—No va a dejarnos sin salida.

—Eso no es una respuesta que pueda poner en el documento.

Octavio contempló la pantalla apagada. Durante años había bastado con llamar para que Scarlett cambiara una tarde, una cena o una decisión.

—Si le pido que firme la devolución ahora, no creerá que confío en ella.

—Puede perder el control de forma permanente.

—He entendido.

Cortó la llamada. El plazo de Nadir terminaba el viernes y, por primera vez, una firma suya permitiría que Scarlett despertara sintiendo que le debía la vida. Octavio prefirió aquel riesgo al de someterse a administradores que no necesitaran quererlo.

⁂

Nueve semanas después de la primera evaluación, Scarlett vio su otro cuerpo y pidió que apagaran la pantalla.

El médico detuvo la imagen.

—Podemos continuar después.

Ella negó con la cabeza.

No era una fotografía de otra mujer. Tampoco una versión rejuvenecida, elegida para satisfacer la vanidad de un cliente. Era su cara sin el cansancio de los últimos meses. Su boca. La forma de sus hombros.

El cabello todavía no tenía el largo que ella recordaba.

Aquello fue lo que más la perturbó.

Había pasado años reconociéndose en una melena roja que podía acomodar delante de un espejo. En la pantalla, su propia cabeza parecía esperar una vida que todavía no empezaba.

—¿Está despierta? —preguntó.

—No hay una segunda conciencia esperando —respondió el médico—. El organismo se mantiene bajo soporte y supervisión hasta que podamos iniciar la transferencia.

Scarlett miró la pantalla oscura.

—¿Y después?

El hombre le explicó otra vez las pruebas, la adaptación y los riesgos.

Ella escuchó.

Al salir, se apoyó un momento contra la pared.

Tenía miedo de morir.

Ahora también tenía miedo de sobrevivir.

⁂

La firma se realizó la tarde anterior al procedimiento, antes de que empezara la preparación médica.

Octavio acudió con sus representantes.

Scarlett tenía una vía en el brazo, pero todavía no había recibido la medicación prevista para el procedimiento. Su abogada pidió una pausa para confirmar que entendía cada acto.

Ella respondió sin titubear.

Octavio parecía impaciente.

No desconocía que cedía el control.

Desconocía que ella pensaba conservarlo.

Al llegar a la última firma se volvió hacia Scarlett.

—Ahora no podrás decir que no hice todo por ti.

Ella miró la pluma entre sus dedos.

Recordó cuánto había tardado él en levantarla.

—No lo diré.

Octavio firmó.

⁂

La médica responsable pidió hablar con Scarlett sin Octavio ni sus representantes.

Habían terminado las firmas empresariales. Faltaba una decisión que Scarlett podía retirar todavía.

—La transferencia será irreversible —explicó—. No se trata de despertar dos veces. Mientras el nuevo organismo recibe y consolida la continuidad, el cuerpo de origen deja de sostenerla. Después se certifica su muerte biológica. Sus disposiciones sobre los restos se mantienen separadas del consentimiento clínico.

Scarlett había elegido una despedida privada, con su madre, y la cremación del cuerpo que la había acompañado hasta allí. Firmarlo le resultó más difícil que aceptar las pruebas de memoria.

La médica repasó las posibilidades de fracaso y las alteraciones de orientación que podían aparecer al despertar. El cabello crecería con el tiempo; la memoria y la adaptación tendrían que evaluarse durante meses. No podía prometerle que un cuerpo corregido estuviera libre de toda enfermedad futura.

—Su identidad civil no depende de que yo diga que la reconozco —añadió—. Se activa el expediente de continuidad registrado antes del procedimiento. Un equipo externo compara el registro previo, las pruebas posteriores y la trazabilidad de los dos organismos. Hasta que concluya, sus representantes pueden hacer solo lo que usted autorizó antes.

Scarlett apoyó una mano sobre la carpeta de consentimiento.

—¿Y si no paso esas pruebas?

—No se presumirá que está todo bien por el hecho de que recuerde su nombre. Tendremos que seguir evaluando y protegerla mientras tanto.

Ella pidió un rato. Su madre entró después, se sentó a su lado y no intentó convencerla. Scarlett habló de la música que quería oír al día siguiente. Cuando llamó de nuevo a la médica, su madre le soltó la mano para que pudiera firmar.

⁂

Julián estuvo con ella la noche anterior al procedimiento.

No le prometió que todo saldría bien.

Le preguntó si tenía frío y acercó una silla.

Scarlett le tomó la mano.

—¿Vas a saber que soy yo?

Él tardó en responder.

—Voy a escucharte.

Ella sonrió con dificultad.

—Podría no gustarte lo que diga.

Julián le acarició los dedos.

—Eso ya nos ha pasado.

Scarlett rio y el gesto acabó en llanto.

Él se inclinó para abrazarla.

Ella quiso contarle todo.

El control de la sociedad.

Los documentos ya firmados.

La promesa que Octavio creía haber recibido.

Pero Julián apoyó la mejilla en su cabello y Scarlett pensó en cómo lo miraría cuando pudiera ponerle delante el laboratorio, los equipos y el trabajo recuperado.

Se convenció de que después entendería.

Era una costumbre antigua.

⁂

Scarlett despertó con sed.

Intentó pedir agua, pero la lengua le pesaba.

Había luz encima de ella y una voz que repetía su nombre.

Le hicieron preguntas sencillas.

Después otras.

Reconoció la voz de su madre antes de poder girar la cabeza.

Lloró al oírla.

Durante los días siguientes tuvo que aprender la distancia entre su mano y un vaso. El cuerpo respondía, pero no siempre con la precisión que esperaba. Se cansaba de formas nuevas. Soñaba con el dolor anterior y despertaba buscándolo.

Una mañana caminó hasta el baño con ayuda.

Al verse en el espejo levantó la mano.

La mujer del cristal hizo lo mismo.

Scarlett se tocó la cara.

Estaba viva.

No sintió gratitud de inmediato.

Sintió hambre.

Luego vergüenza por tener hambre en un momento que había imaginado solemne.

Pidió desayuno.

Las pruebas continuaron aun cuando empezó a sentirse impaciente. Una comisión ajena a Helix cotejó las evaluaciones con su expediente anterior y confirmó la continuidad civil. Solo entonces pudo renovar sus documentos y ejercer personalmente los derechos que Beatriz había mantenido en resguardo durante la recuperación.

Seis semanas después de la transferencia, antes del alta, recibió un calendario de revisiones semanales, después mensuales, y un plan de rehabilitación. La cobertura clínica quedó financiada por separado del grupo. Scarlett podía recibir atención aunque un día dejara de ser su accionista mayoritaria.

Julián leyó ese último documento cuando ella se lo enseñó. Scarlett vio que se detenía en una línea y lo dejó leer sin preguntarle qué pensaba.

⁂

Octavio llegó cuando ella ya podía caminar por el pasillo.

Traía flores y una lista de planes.

Una casa más cómoda. Descanso fuera de la ciudad. Personal que la ayudara durante la adaptación.

Scarlett lo escuchó hasta que terminó.

Después pidió quedarse a solas con él.

—No voy a irme contigo.

Octavio dejó las flores sobre una mesa.

—No tienes que decidirlo ahora.

—Ya lo decidí.

Él la miró.

Scarlett mantuvo las manos sobre las rodillas.

—Volví para que autorizaras el tratamiento.

La expresión de Octavio cambió lentamente.

—Cuidado con lo que vas a decir.

Ella respiró.

Podía hacerlo sin dolor.

Aquella facilidad le dio una calma terrible.

—No volví porque te amara.

Octavio buscó su teléfono.

Luego se detuvo.

Miró la carpeta que descansaba junto a la cama, con las copias certificadas de lo que había firmado.

Por fin comprendió que aquella vez la promesa que no existía era la que él había decidido creer.

—Devuélveme mis empresas —dijo.

Scarlett apoyó una mano sobre la carpeta.

—No.

Octavio dio un paso hacia ella.

Scarlett no se encogió.

Ya no necesitaba preguntarle cuánto costaba seguir viviendo.