Capítulo 17 de 20

La mujer que podía volver

Scarlett pidió a Julián que fuera a dar clase.

Él estaba junto a la mesa, comparando dos informes, y al principio no pareció escucharla.

—Puedes quedarte con mi madre —dijo ella—. No necesitas seguir perdiendo horas.

Julián dejó los papeles.

—No las estoy perdiendo.

Scarlett lo miró desde la cama.

Había dormido poco. La luz de la mañana revelaba el cansancio alrededor de sus ojos y una pequeña mancha de café en la manga.

Lo amaba.

La certeza ya no tenía nada agradable. Le exigía mirar lo que le había hecho y, ahora, lo que él no podía hacer por ella.

—Ve —insistió—. Necesito que alguien de esta casa siga teniendo alumnos.

Él sonrió apenas.

Antes de marcharse le dejó agua al alcance de la mano, comprobó una indicación médica y le besó la frente.

Scarlett esperó a oír la puerta de la calle.

Después llamó a su madre.

—Voy a salir un momento.

—¿Con quién?

Ella miró el vestido extendido sobre la silla.

—Con alguien que puede ayudar.

⁂

El automóvil de Octavio no entró al barrio.

La recogió a dos calles del departamento, frente a una farmacia.

Scarlett había tardado veinticinco minutos en recorrer la distancia. Se detuvo una vez ante un escaparate y fingió mirar zapatos mientras recuperaba el aliento.

El conductor bajó para abrirle.

—El señor la espera en la casa.

No preguntó cuál.

Durante el trayecto sostuvo el bolso sobre las rodillas y practicó cómo sentarse sin que el dolor le alterara la cara.

Llevaba el cabello suelto.

Lo había cepillado hasta que dejó de parecer el de una enferma, aunque algunas hebras quedaron atrapadas en las cerdas. Se puso un vestido oscuro que todavía le ajustaba a la cintura y los pendientes azules que compró para sostener una de sus primeras mentiras con Julián.

Octavio la esperaba en el comedor de la casa donde negociaron el departamento.

Al verla, dejó el teléfono.

Su mirada bajó por el vestido y volvió a su rostro.

—Estás muy delgada.

Scarlett sonrió.

—No me recibas con eso.

Él se acercó y le ofreció una silla.

Esta vez ella aceptó enseguida.

⁂

Había agua y té sobre la mesa.

No había carpetas.

Octavio había querido que pareciera una visita.

Scarlett dejó el bolso junto a sus pies.

—Gracias por recibirme.

Él se sentó enfrente.

—No necesitabas llegar a esto.

Ella sostuvo su mirada.

—¿A enfermarme?

Octavio apretó los labios.

—A quedarte sin ayuda.

Scarlett tomó el vaso para ganar tiempo.

La mano le tembló un poco. Lo dejó antes de derramar agua.

—Creí que podía empezar de nuevo.

—Podías haberlo hecho sin convertirlo en una guerra.

Ella no discutió.

Había acudido para permitirle tener razón.

Octavio pareció advertir la ausencia de resistencia. Se acomodó mejor en la silla.

—¿Ferrer está contigo?

Scarlett bajó los ojos.

—Me está ayudando.

—Eso no fue lo que pregunté.

Ella levantó lentamente la cara.

—Está conmigo.

El magnate desvió la mirada hacia el jardín.

Scarlett dejó pasar unos segundos.

—Pero no puede pagar el procedimiento.

Octavio volvió a mirarla.

Ahí estaba la parte que había querido escuchar.

⁂

—¿Y por eso vuelves?

Scarlett había preparado la respuesta durante la noche.

Aun así, le costó decirla.

—Vuelvo porque ya sé lo que pasa cuando intento vivir como si el dinero no importara.

Octavio no sonrió.

—No me hables como si fuera estúpido.

Ella asintió.

—Estoy asustada. Quiero seguir viva. No voy a decirte que eso no tiene nada que ver.

Él la observó con atención.

Scarlett se inclinó hacia delante, apenas lo suficiente para que el esfuerzo no se notara.

—Pero también sé cómo era mi vida contigo.

—Hace meses decías otra cosa.

—Hace meses podía subir una escalera sin sentarme a la mitad.

La respuesta lo dejó callado.

No era la verdad que ella había venido a representar, pero sí una verdad que Octavio podía comprender.

Él alargó la mano sobre la mesa.

Scarlett puso la suya encima.

No sintió deseo.

Recordó que tampoco lo necesitaba siempre para resultar convincente.

⁂

Octavio pidió una evaluación inmediata.

Lo hizo delante de ella.

Llamó al director del centro, preguntó por disponibilidad y ordenó que recibieran sus estudios esa misma tarde.

Scarlett escuchó la conversación sin cerrar los ojos.

Un día antes no cumplía las condiciones económicas.

Ahora había un equipo buscándole espacio.

Cuando Octavio colgó, ella retiró la mano para buscar un pañuelo.

—Quiero que sepas algo —dijo él.

Scarlett esperó.

—No voy a pagar para que vuelvas con Ferrer.

Ella dobló el pañuelo entre los dedos.

—Lo sé.

—Y no quiero más declaraciones, visitas a abogados ni mensajes a mis espaldas.

Scarlett miró el vaso.

No podía retirar lo que ya había entregado a Amalia sin mentir de nuevo. Tampoco iba a convertir aquella mesa en una discusión que pudiera dejarla fuera del centro.

—No vine a hacerte daño —respondió.

Octavio pareció aceptar la frase.

Era lo que ella había dicho.

No era lo que él había entendido.

⁂

La evaluación duró varios días.

Scarlett explicó a Julián que una institución privada estaba revisando su caso como parte de un programa de pacientes.

No mencionó a Octavio.

Él quiso conocer los detalles.

Ella prometió pedir un informe.

Cada mentira debía ser lo bastante pequeña para caber en la siguiente conversación.

Al regresar de una cita encontró a Julián preparando una lista de equipos con precios aproximados.

Había tachado algunos y escrito otros a mano.

Scarlett dejó el bolso en la entrada.

—¿Qué es?

—Estoy hablando con un grupo que podría conseguirnos parte de esto.

Ella se acercó.

Las cantidades eran enormes.

Y todavía faltaba mucho.

Julián la miró.

—No está resuelto. No quiero darte una seguridad que no tengo.

Scarlett apoyó una mano en su hombro.

Quiso contarle que en Helix ya habían tomado sus muestras.

Que un hombre había cambiado una orden y el mundo empezó a moverse.

En cambio, le besó el cabello.

—Gracias.

Julián cubrió su mano con la suya.

Ella se quedó allí hasta que tuvo que apartarse para llorar en el baño.

⁂

El director del centro habló con Scarlett y Octavio en una sala sin ventanas.

El procedimiento podía intentarse.

No era una garantía.

Había que corregir el patrón responsable de la enfermedad en las células destinadas al organismo receptor, preparar ese cuerpo y evaluar cuidadosamente la transferencia de continuidad neuronal.

El deterioro actual volvía importante el tiempo disponible.

Scarlett escuchó sin interrumpir.

—¿Cuánto tardan en tenerlo listo? —preguntó Octavio.

El director respondió con un intervalo y varias condiciones.

—Entre ocho y diez semanas de preparación, si el cultivo responde bien. Hemos reducido plazos desde los primeros programas, pero no podemos pedirle al tejido que madure por una orden de dirección.

Octavio abrió la boca. El médico sostuvo su mirada.

—Su equipo clínico tendrá que mantenerla estable mientras tanto. Si el deterioro afecta los registros cerebrales o aparecen complicaciones que impidan la transferencia, volveremos a evaluar. El dinero no elimina esas condiciones.

Scarlett pidió que su médico habitual recibiera los resultados. Por primera vez desde que entró, Octavio no respondió por ella.

El magnate frunció el ceño.

Scarlett lo miró.

Por primera vez desde que se conocían, la impaciencia de Octavio trabajaba a su favor.

Cuando el médico salió, ella permaneció sentada.

Octavio se acercó y le acarició el cabello.

—Vas a estar bien.

Scarlett alzó la cara.

Él esperaba algo.

Un beso. Una promesa. La confirmación de que aquello volvía a colocarlo en el lugar de antes.

Ella le tomó la muñeca y apoyó los labios en su mano.

—No quiero volver a sentir que mi vida depende de que no te enfades conmigo.

Octavio retiró suavemente la mano.

—No empieces.

Scarlett no bajó los ojos.

—Estoy a punto de dejar que me duerman sin saber en qué cuerpo voy a despertar. Déjame pedir algo.

Él la observó.

Esta vez escuchó.

⁂

Pidió una garantía.

No el departamento.

No una asignación que pudiera suspenderse.

Quería una participación en la sociedad que gestionaría su continuidad, suficiente para que su atención futura no dependiera de una autorización personal de Octavio.

Él rio sin humor.

—Acabas de volver y ya quieres acciones.

Scarlett sintió la vergüenza, pero dejó que pasara.

—Acabo de descubrir que puedes negarme un tratamiento con un mensaje.

Octavio no respondió.

Ella se llevó una mano al costado y esperó a que cediera una punzada.

No tuvo que fingirla.

Él lo vio.

—Lo hablaremos con los abogados —dijo.

Scarlett asintió.

⁂

Aquella noche pidió una cita con la abogada que revisó el departamento.

La mujer escuchó sin tomar notas al principio.

—Quiere protegerse después del procedimiento —dijo finalmente.

—Sí.

—Entonces podemos revisar una cobertura irrevocable, patrimonio suficiente y obligaciones claras de la empresa.

Scarlett miró el escritorio.

Aquello podía mantenerla viva.

No le devolvería a Julián su trabajo.

Tampoco impediría que Octavio siguiera eligiendo quién podía acceder a él.

—¿Y una participación en la empresa?

La abogada apoyó el bolígrafo.

—Depende de lo que esté dispuesto a transmitir.

Scarlett pensó en la carpeta azul, en las facultades que él había querido esconder entre otras páginas.

—Quiero entender todo lo que firme —dijo—. Y todo lo que firme él.

⁂

La primera llamada que Scarlett oyó sobre Nadir terminó con un vaso roto.

Octavio lo golpeó al apartar una carpeta. Después pidió que recogieran el cristal, como si el ruido hubiera sido un fallo del servicio.

—Quieren sacarme de mi propio grupo —dijo.

Scarlett no hizo la pregunta enseguida.

El fondo estaba dispuesto a refinanciar la ampliación de Helix y varias deudas que vencían antes de que terminara el año. Exigía una auditoría, un consejo con supervisores externos y que Octavio dejara de controlar los votos. La disputa con Julián se había sumado a operaciones entre sus sociedades que el fondo no quería seguir aceptando sin revisión.

—¿Y si dices que no?

—Tendré que vender en las condiciones que ellos quieran.

—Entonces ya no puedes elegirlo todo.

Octavio la miró con una irritación que Scarlett conocía. Esta vez no retiró la frase.

Días después supo que los acreedores tenían garantías personales y participaciones de Octavio en prenda. El dinero de Nadir daría tiempo a las empresas; no borraría lo que él había prometido responder con su propio patrimonio.

⁂

Octavio comenzó a hablarle de una reorganización.

Las sociedades del grupo estaban sometidas a presiones distintas: demandas, nuevos inversionistas, obligaciones de financiamiento. Quería separar algunos activos y centralizar el control de los desarrollos de Helix.

Scarlett escuchó.

Antes aquellas conversaciones le habrían parecido un ruido molesto entre una cena y la cama.

Ahora pedía que repitiera los nombres.

—No necesitas aprenderte todo —dijo Octavio una tarde.

Ella tenía una libreta sobre las piernas.

—Dices que quieres que forme parte de tu vida.

Él miró la libreta.

Después le explicó otra vez.

La alternativa que le habían propuesto era transmitir el bloque de control a una entidad independiente y conservar una participación económica menor. Octavio detestaba que personas sin relación con él pudieran decidir cuándo cobraría dividendos o si debía abandonar un despacho.

—Quieren un dueño al que puedan vigilar —dijo.

Scarlett levantó la vista.

—Tú quieres uno al que puedas convencer.

Él sonrió por primera vez durante la conversación.

—Quiero seguir hablando con alguien que entienda lo que he construido.

Scarlett anotó el nombre de la sociedad cabecera. No le preguntó todavía si la estaba incluyendo en aquella frase.

Scarlett anotó.

Por primera vez utilizaba la atención que él esperaba recibir.

⁂

Julián le dijo que la amaba un jueves.

Estaba ayudándola a ponerse un suéter antes de una revisión.

No parecía haber planeado decirlo.

Scarlett dejó de mover los brazos.

Él le acomodó la tela sobre el hombro.

—No sé hacerlo de una manera sencilla después de todo —añadió—. Pero no quiero seguir fingiendo que estoy aquí por otra cosa.

Ella sintió que se le cerraba la garganta.

—Yo también te amo.

Julián apoyó la frente contra la suya.

Scarlett lo abrazó con la fuerza que le quedaba.

No quería morir entre sus brazos.

Quería poder salir de ellos, caminar hasta una ventana, hacer café y discutir por una película dentro de diez años.

Quería un futuro que él pudiera compartir.

Aunque tuviera que esconderle cómo iba a conseguirlo.

⁂

Antes de dormir recibió un mensaje de Octavio.

Los abogados verán lo de tu participación. Cuando salgas de esto, haremos las cosas bien.

Scarlett leyó la última frase.

Había esperado escuchar algo parecido durante años.

Ahora no pensó en una boda.

Pensó en el centro, en el precio, en las sociedades cuyos nombres ya empezaba a recordar.

Y en el lugar reservado para la firma de Octavio.

Al lado, Julián dormía con una mano abierta sobre la sábana.

Scarlett deslizó los dedos entre los suyos.

Con la otra mano respondió:

Quiero que me lo demuestres.