Capítulo 9 de 20

La prueba de confianza

Scarlett contrató a una abogada con una parte del anticipo.

La eligió porque no conocía a Octavio.

Durante la consulta dejó sobre el escritorio las copias del departamento y omitió explicar por qué iban a entregárselo.

La abogada, Beatriz Leal, leyó durante varios minutos, hizo anotaciones y volvió a la primera página.

—¿Quién le recomendó aceptar esto?

—Nadie.

—Bien. Todavía puede pedir cambios.

Scarlett se inclinó hacia ella.

—¿Cuáles?

La abogada señaló una cláusula.

La propiedad aún estaba vinculada a una sociedad. Había obligaciones pendientes y referencias a acuerdos que Scarlett no tenía. Para recibir el departamento sin arrastrar problemas ajenos, necesitaba documentos adicionales y una transmisión formal.

—No firme una conformidad hasta revisar todo —dijo.

Scarlett miró el lugar reservado para su nombre.

—¿Y si me dicen que es una formalidad?

La mujer dejó el bolígrafo.

—Las formalidades también producen efectos.

Scarlett guardó aquella frase.

Le sería útil antes de lo que imaginaba.

⁂

Esa noche no fue a casa de Julián.

Octavio pasó por el departamento a las diez. Ella lo esperaba con las observaciones de la abogada impresas.

Él dejó el saco en una silla.

—Estoy cansado.

—Yo también.

Octavio leyó la primera hoja de pie.

—¿Llevaste esto con alguien?

—Me dijiste que lo hiciera.

—Sí, pero podrías haberme avisado.

Scarlett sostuvo su mirada.

Él volvió al documento.

No discutió todas las correcciones. Llamó a su abogado, le envió las fotografías y pidió resolverlo durante la semana.

Ella escuchó sin sentarse.

Cuando terminó, Octavio la tomó por la cintura.

—Ahora ven aquí.

Scarlett permitió que la besara.

Seguía conociendo su cuerpo mejor que nadie: dónde detener la mano, cuánto acercarla antes de apartarse, cómo besarla para que olvidara durante unos segundos lo que estaba pensando.

Lo que había cambiado era la duración del olvido.

Después, mientras él se abrochaba la camisa, Scarlett tomó un sobre de su bolso y se lo entregó.

—Llegó esto para ti.

Octavio lo abrió.

Dentro estaba la carpeta que había dejado en la casa del domingo.

—Te dije que no iba a llevársela —añadió ella.

Él revisó las primeras páginas.

—Entonces propón algo.

Scarlett se sentó al borde de la cama.

—Julián necesita saber que no voy a ponerme de tu parte en cuanto discutan.

Octavio levantó los ojos.

—No me interesa lo que necesite sentimentalmente.

—Debería interesarte. Es lo que estás usando para conseguir lo demás.

Él cerró la carpeta.

Scarlett continuó:

—Le estás pidiendo una licencia que no quiere darte. Si le ofreces un documento sobre lo que sí está dispuesto a hacer, quizá lo escuche.

—¿Y qué quiere hacer?

—Dejar constancia de lo suyo. Conservarlo. Poder compartirlo después.

Octavio dejó de pasar las páginas.

Ella le había dado una idea.

Lo supo por la forma en que dejó de mirarla.

⁂

El miércoles, Julián sí acudió a su cita.

Scarlett recibió una fotografía desde el despacho de Amalia: una taza de café junto a una planta tan seca que parecía de papel.

Tu opinión profesional: ¿arte contemporáneo o abandono?

Ella respondió:

Prueba a regarla. Si alguien protesta, era arte.

Julián envió una cara sonriente.

Scarlett dejó el teléfono sobre la mesa.

Había retrasado la entrega dos días. No la había impedido.

Cuando Octavio preguntó por los originales, contestó:

Ya están con su abogada.

La llamó de inmediato.

Ella no respondió hasta el tercer intento.

—Te advertí que no podíamos seguir esperando —dijo él.

Scarlett se levantó del sofá.

—Tú me dijiste que no tocara nada.

Hubo silencio.

Luego Octavio bajó la voz.

—Está bien. Los originales no son lo único que importa.

Ella cerró los ojos.

Otra vez faltaba otra cosa.

—Mis abogados prepararán una propuesta distinta —continuó—. Necesito que la lea.

Scarlett se detuvo junto al sofá.

—Leerla no es firmarla.

—Consigue primero que la lea.

⁂

Durante las dos semanas siguientes, Scarlett siguió acostándose con ambos.

Octavio no hacía preguntas sobre lo que ocurría en casa de Julián. Pedía resultados.

Julián sí preguntaba, aunque no por detalles.

—¿Lo vas a ver esta noche?

Scarlett aprendió a no responder con evasivas.

—Sí.

Él asentía.

A veces podía seguir hablando. Otras, se quedaba callado de una forma que la obligaba a llenar el silencio.

Una noche, mientras doblaba una de sus camisetas, Julián le preguntó:

—¿Qué crees que estamos haciendo?

Scarlett dejó de buscar sus zapatos.

—Estoy contigo.

Él miró la camiseta que tenía entre las manos.

—Hasta que te vas con él.

Ella se sentó en la cama.

Había respuestas eficaces. Podía decir que estaba confundida, que necesitaba tiempo, que Octavio la había acostumbrado a depender.

Eligió una más peligrosa.

—Cuando me voy, pienso en volver aquí.

Julián alzó la vista.

Scarlett se sorprendió de no sentir que mentía por completo.

—Pero vuelves a verlo —dijo él.

—Todavía sí.

Él dejó la camiseta sobre una silla.

—No voy a pedirte que termines una relación por mí. Pero tampoco quiero pasar meses esperando una decisión que quizá ya tomaste.

Scarlett sintió miedo.

No de perderlo, se dijo.

De que el plan terminara antes de cobrar.

Se arrodilló en la cama y le tomó la mano.

—No he decidido seguir con él para siempre.

Julián la miró largamente.

—Eso no es lo mismo que elegirme.

Ella lo besó.

Él le respondió, pero aquella vez no permitió que el beso resolviera la conversación.

⁂

La nueva propuesta llegó un jueves.

No hablaba de exclusividad en la primera página.

Hablaba de preservación, continuidad del proyecto y protección de las aportaciones anteriores a Helix.

Scarlett pidió una copia para leerla.

Octavio pareció divertido.

—¿Ahora eres experta?

—No. Por eso leo despacio.

Él se sentó frente a ella.

—Ferrer lleva meses amenazando con retirar su trabajo. Si sale de Helix, el proyecto puede quedar detenido. Esta propuesta permite conservar una copia operativa y seguir bajo supervisión.

Scarlett pasó las hojas.

Había límites, condiciones y referencias a anexos.

—¿Y dónde está lo que tú ganas?

Octavio señaló un párrafo.

—Facultades para mantener el desarrollo.

Ella leyó.

No entendió el alcance de cada frase, pero reconoció varias expresiones del documento anterior.

—Esto se parece demasiado al otro.

—Porque necesitamos poder utilizar el procedimiento. No voy a financiar un archivo que nadie pueda abrir.

Scarlett dejó el dedo sobre una referencia.

—Él va a llevarlo con Amalia.

—Que lo lleve.

Octavio acercó la silla.

—No necesitas convencerlo de todo. Necesitas que deje de pensar que cada propuesta mía es una agresión.

Scarlett miró su cara.

—Algunas lo son.

Él no sonrió.

—Tú estás aquí porque quieres algo de mí. No empieces a ofenderte por cómo lo consigues.

Scarlett recogió las hojas.

No volvió a hablarle durante el resto de la noche.

⁂

Se llevó el documento a casa de Julián dentro de una bolsa con comida.

No lo sacó enseguida.

Cenaron, hablaron de su madre y discutieron sobre una película que ella había entendido de forma completamente distinta.

Cuando Julián se levantó para recoger, Scarlett puso la propuesta sobre la mesa.

Él miró el logotipo.

Después la miró a ella.

—¿Qué es esto?

—Una propuesta de Octavio.

La expresión de Julián cambió.

Scarlett mantuvo las manos a la vista.

—Antes de que te enfades, quiero que sepas que no le prometí nada.

—¿Por qué te la dio a ti?

—Porque sabe que conmigo sí hablas.

Él no tocó las hojas.

—Eso no mejora las cosas.

Scarlett asintió.

Había previsto la frase.

—A mí tampoco me gustó. Pero preferí traértela a fingir que no existe.

Julián apartó la bolsa de comida.

—Podría habérmela enviado por los canales de siempre.

—Y la leerías pensando en él antes de llegar al segundo párrafo.

Él sostuvo su mirada.

Scarlett sintió que había ido demasiado lejos.

Entonces bajó la voz.

—Léela con tu abogada. Dile que cambie lo que tenga que cambiar. No te estoy pidiendo que confíes en Octavio.

Julián miró el documento.

—¿En quién me estás pidiendo que confíe?

Ella sintió la pregunta en el cuerpo.

Había llegado al punto exacto para el que Octavio la necesitaba.

—En que no quiero verte perder lo que hiciste —respondió.

Julián tomó las hojas.

No las abrió todavía.

—No vuelvas a traerme asuntos suyos sin avisarme.

Scarlett asintió.

Él dejó la propuesta junto al bolso de trabajo.

⁂

Amalia devolvió el documento con observaciones.

Julián se lo contó tres días después, mientras caminaban por un parque.

No parecía sorprendido.

—Hay facultades demasiado amplias —dijo—. Ella va a responder directamente.

Scarlett evitó mirarlo.

—¿Tiene arreglo?

—Si de verdad quieren lo que dicen querer.

Pasaron junto a una mujer que enseñaba a una niña a andar en bicicleta. La niña pedaleó sola unos metros antes de advertir que ya no la sujetaban.

Julián se detuvo para dejarla pasar.

Scarlett lo tomó del brazo.

—¿Y si aceptan los cambios?

Él miró hacia delante.

—Tendría que preparar una copia completa para resguardo. Con el protocolo y las validaciones.

—¿Podrían usarla en cuanto la reciban?

—No. El archivo irá cifrado. La recepción y la activación son pasos distintos. Primero deben incorporar al acta las restricciones que negoció Amalia. Solo después se registra una autorización de apertura para el custodio independiente.

—¿Y si lo abren antes?

Julián volvió la cabeza hacia ella.

—Tendrían acceso material a algo que no tienen permiso de explotar. Por eso importa dejar constancia de cada paso.

Scarlett sintió un alivio inmediato.

Lo disimuló ajustándose la manga.

—Entonces por lo menos sabrías que está protegido.

Julián asintió.

Ella apoyó la cabeza en su hombro mientras seguían andando.

Esa noche, Octavio recibió una sola frase.

Si aceptan las correcciones, él preparará la copia completa.

Scarlett dejó el teléfono en la mesa y fue al baño.

Se lavó la cara, aunque no llevaba maquillaje.

Cuando regresó, había una respuesta.

Bien. Ya casi.

Junto al mensaje apareció una fotografía enviada por su abogado: la escritura corregida del departamento, lista para la siguiente revisión.

Scarlett la amplió.

Buscó su nombre.

Después abrió la conversación de Julián.

Él le había enviado una foto de dos entradas de cine.

El sábado. Sin hablar de trabajo.

Scarlett sostuvo el teléfono con ambas manos.

Respondió que sí.

Luego guardó la fotografía de la escritura.