Capítulo 4 de 5

El plan perverso de la gitana Carmela y su esposo Don Miguel

Semanas antes de la prueba del pañuelo de Saraí:


—El Condestable Miguel Lucas de Iranzo, el gobernador de Jaén, me está presionando para que le lleve más gitanas virgenes al rey Enrique IV de Castilla. Dice que hasta que una de ellas le ayude a vencer su impotencia me dará un salvoconducto y mucho oro, sedas y privilegios —dijo Don Miguel angustiado a su esposa, la gitana Carmela.


—Ya no te preocupes, mi señor, pronto conseguiremos a la gitana que nos sacará de este apuro. Hay una joven llamada Saraí, es la gitana más hermosa de su Comarca. Su piel canela y ojos verdes hipnotizan  a cualquiera. Dicen que tiene un cuerpo bien formado, a pesar de sus 16 años puede enloquecer a cualquier hombre. Pronto le haré la prova y la reclutaré para ponerla a tu servicio para que la ofrezcas al rey.  


—Te di mi apellido y te hice respetar por todo el pueblo gitano cuando ya no eras pura y estabas manchada, es lo menos que puedes hacer por mí. Todo lo que eres me lo debes a mí —le gritó el hombre molesto.


—Sí, mi señor.


—Eres una inepta, no sé de qué sirve tu trabajo de ajuntaora si las familias y gitanas que has embaucado con pruebas de pañuelo falsas no le han podido quitar la impotencia a ese rey defectuoso, poco hombre —gritó el hombre molesto abofeteando a la gitana.


—Perdón, mi señor, soy torpe. Perdón, si desea le pido a una de esas gitanas que venga a pasar la noche con usted para que se le pase el coraje, y yo me voy a dormir con las demás a sus tiendas de campaña —suplicó la mujer mientras se ponía de rodillas ante aquel hombre y lo sujetaba de las rodillas implorando compasión para que no le siguiera pegando, como ya era costumbre.


—Mándame tres de ellas, necesito quitarme el enojo que tengo por tu culpa —respondió el hombre con frialdad.


—Sí, mi señor, como usted ordene —respondió la gitana sumisa al momento que salía de la tienda de campaña de su esposo para ir a buscar a las tres gitanas y darles la indicación de pasar la noche con Don Miguel.


Mientras Don Miguel disfrutaba en su casa de campaña con las tres jóvenes gitanas enviadas allí a cumplir con su deber, Carmela hacía una fogata con las demás gitanas que formaban parte de ese tipo de “harén” encubierto de clan gitano aparentemente normal, con hombres que figuraban como esposos de ellas y un Consejo de Ancianos (o la Prash).

 

Todos ellos coludidos con Don Miguel en esa farsa de proxenetismo, chantajeados con los beneficios que Don Miguel obtenía de sus amigos allegados al rey. Eran un clan falso, lleno de delincuentes y malvivientes, que había logrado engañar a todos los demás clanes gitanos. 


Las jóvenes habían sido gitanas que en su prueba del pañuelo no habían tenido pétalos. Porque Carmela había falseado la prueba para hacer que su pueblo las despreciara y luego llevarlas con engaños al clan a servir a su esposo y sus conocidos en la corte del rey. También las ofrecían como esposas a todos los malvivientes que colaboraban con Don Miguel en mantener la farsa de ese clan gitano. 


Ellas, las mujeres del clan, vivían engañadas, con la baja autoestima de creer que ya no eran vírgenes y que no merecían una familia digna como cualquier otra gitana, se resignaban y conformaban con su destino.


El clan se dedicaba a artes adivinatorias y espectáculos de malabaristas, adiestramiento de animales para el espectáculo, música y danza. Eran vistos como artistas respetados. Sin embargo, las gitanas además de leer la buena ventura y dar espectáculos artísticos, eran ofrecidas a los extranjeros para que pasaran momentos de placer con ellas. 


Ese era el destino que le deparaba a Saraí en manos de aquella mujer, que le había hecho creer que la querría como la hija que nunca tuvo. La que le arruinó su prueba del pañuelo fingiendo que no había tenido pétalos, cuando en realidad jamás fue introducido. 


Saraí seguía siendo virgen y sería entregada como ofrenda al rey Enrique IV de Castilla, para intentar que venciera su impotencia en la intimidad con la juvenil frescura virginal de la gitana.


Pero ese truco ya lo habían intentado con las demás jóvenes gitanas que habían engañado y llevado con ellos, ¿pasaría lo mismo con Sarahí? ¿Ella también fracasaría en su misión de quitarle la impotencia al rey Enrique IV de Castilla? o ¿sería el amuleto de la buena suerte que Don Miguel necesitaba para conseguir salvoconductos, oro, riquezas y demás favores de las coronas y los reinos de la Península Ibérica, para entrar victorioso y con honores a Las Españas?